ISSN: 1579-0223
 
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De la Problemática Antropológica a la Filosofía de la historia

Jorge Luis Russiel Infante
 
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Con este trabajo nos proponemos reflexionar en torno a la filosofía de la historia en medio de las constantes aseveraciones de que el hombre, cada vez más, está en condiciones de construirse su mañana, mientras otros afirman que no quedan más caminos y que hay un sólo modo de hacer las cosas.

Partimos de los antecedentes de la antropología filosófica que es el punto de partida para proyecciones de más alcance y porque consideramos que el materialismo histórico que dejó Marx no ha sido enrriquecido con un fundamento antropológico que acerque más esa teoría que compartimos a los hombres que tiene de común los mismos desafíos, las mismas preocupaciones en un sentido global, aunque no compartan las mismas creencias ni las mismas ideologías.


Si bien ha estado presente siempre en el hombre, desde las narraciones mítico-religiosas, las manifestaciones artísticas, los propios instrumentos de trabajo y la cultura en general de cada época, es con el pensamiento moderno en su momento de mayor esplendor, pero por eso mismo de el comienzo de su decadencia - pues tendría que ser superado ya en pleno siglo XIX, sobre todo, en su segunda mitad - que se producen las concepciones de la historia que tal vez nos resulten más interesantes después de los aportes de la filosofía alemana y en especial de los continuadores de la obra hegeliana.

Es éste, un espíritu de la época que supo ser interpretado y expuesto por la Filosofía de Marx y Engels de un modo materialista y dialéctico. En cada época se repetirá con nuevos matices, pero siempre en medio de las preocupaciones más trascendentales aparecerá una interrogante común, de dónde venimos y cómo hemos llegado hasta aquí, hacia dónde vamos y cómo llegar si nos proponemos una meta; en fin la búsqueda de una concepción de la historia, cuyo objetivo viene siendo ordenar, organizar, regular, construir y aseverar con arreglo al conocimiento de lo que hemos sido y de lo que nos proponemos lograr.

Ni siquiera la "postmodernidad" o cualquiera otra de las corrientes filosóficas de finales del siglo XX ha escapado - y por supuesto que no podrían renunciar, aunque se lo propusieran- a una filosofía de la historia. Algunos de sus representantes plantean que le ha llegado el fin a la historia en el mismo sentido en que se dice que le llegó al proyecto moderno, pero en realidad los principales ideales de este proyecto no han sido superados y tal vez, no sea esa la misión de la autotitulada era "pos"; sin embargo, me parece que sólo la filosofía de la historia de Marx y Engels superó al pensamiento moderno, en cuanto a la explicación del acontecer de la vida social, al incursionar en las profundidades de las leyes que rigen este organismo y proponer heréticamente un mundo de seres libres, concientes, auténticos y universales pero sin diferencias a causa de la cosificación de sí mismo.

Cuando hablamos de la historia, inevitablemente, presuponemos un transcurrir, una sucesión trascendente del mundo, ante la que somos prácticamente insignificantes; y sin embargo, sólo adquiere cierta transparencia para los humanos, lo que está dado por el carácter exclusivo de la subjetividad y de la conciencia, como atributos nuestros, que nos permiten la aprehensión de ese "pasar", de ese transcurrir, que identificamos desde nuestro mundo interno, desde nuestras soledades, con el tiempo.

Habría que distinguir entre el tiempo, como atributo del ser, el concepto y el sentido de la temporalidad, como un atributo de la persona humana. Ese sentido de la temporalidad, no ha existido siempre, y se corresponde con las necesarias transformaciones que tienen que darse en el homínido, que sin noción del tiempo vivía en un llamado "presentismo", como consecuencia, precisamente, de su interactuar de manera directa y no "pensada "- al menos conceptualmente- con su entorno; quiere esto decir, que hemos pasado de algún modo, en diferentes etapas de la vida social, también, por un llamado presentismo del pensamiento.(1)

Desde aquí podemos hacer una pequeña conclusión: el asunto de la Historia está comprometido con el tiempo, no como un capricho de los hombres, sino, como un reflejo necesario de lo que acontece en el SER, independientemente, de la capacidad humana, de pensar la sucesión de los acontecimientos de su vida, como un proceso que no se detiene y que, incluso, ellos no pueden detener, a pesar de su voluntad.

El hombre tiene que pensar el tiempo en el tiempo, aún sin tener la más remota idea de que éste es un atributo que lo trasciende, y que supera la finitud de su vida y la del resto de los hombres.

La historicidad, por tanto, no es una invención de la capacidad humana de raciocinio, pero sí lo es su concepto. El sentido de la finitud de nuestras vidas o de la eternidad del mundo o de los propios dioses, sólo adquieren un sentido, por tener el hombre dicha capacidad de raciocinio, que es lo que le permite traspasar el umbral de la inmediatez y organizar su vida con arreglo al concepto de lo presente, lo pasado y lo futuro.

La cuestión de la temporalidad ha sido una idea que de por siempre ha obsesionado al hombre. Es por eso que no cesa de proponerse, de alguna manera, el influir sobre el tiempo, modificarlo y dominarlo, como hace o intenta hacer desde su pensamiento con el mundo.

La propias dimensiones del tiempo dan una idea de discontinuidad que realmente no existe, ella es el resultado de la creación, la memoria, la imaginación, los sueños, las ilusiones; trátase aquí de una subjetividad inteligente y psíquica y libidinosa. El hombre es la única manifestación del ser capaz de reconocerse en el tiempo, y además la única que puede ser indiferente o no, ante la continuidad o discontinuidad del mismo. En este sentido, el tiempo es, porque hay una subjetividad capaz del artificio del propio tiempo; o sea, que es un tiempo distinto del real y obedece, entonces, a los humores del sentimiento y del pensamiento humanos. La idea del transcurrir de este mundo presupone nacimiento, maduración y muerte, en un espacio que permanece- aún con las transformaciones más significativas- uno y el mismo; así las cosas, parece casi un defecto explicar el tiempo desde una perspectiva espacial, cuando en realidad se presuponen mutuamente como atributos del SER, de su unidad y de su materialidad.

Por eso, cuando alguien dice que debemos ponernos en tiempo y espacio, para poder entender cualquier acontecimiento de la vida, caemos en la trampa de querer reproducir un tiempo y un espacio, que no se someten para nada a la voluntad humana y sólo nos ofrecen migajas efímeras e independientes, desde las cuales intentamos comprendernos.

Las dimensiones del tiempo, sólo tienen una existencia virtual y no real, son más bien, el resultado de una construcción lógica, un acuerdo que hemos establecido nosotros mismos para organizar mejor todo el conjunto de actividades que debemos realizar. El tiempo, sólo puede ser entendido desde la unidad del SER, no importa que pueda ser medido desde la perspectiva física en millonésimas de segundos, o con un reloj de arena, o de sol; el asunto es que, además, la subjetividad implica también un sentido del tiempo, que no puede ser medido y que sólo puede ser concebido desde una perspectiva humana. El presente se nos descubre, como la dimensión a través de la cual se expresa el pasado vivido y la posibilidad de realizarse el futuro. Es la dimensión que hace posible la manifestación existencial del SER, el " estar ahí " de Heidegger o el " horizonte del ser" de Gadamer.( 2)

Ni el pasado ni el futuro permiten apreciar la manifestación existencial del SER. El presente es el nexo y el cordón ontológico que las hace posibles, como hace posible conocer, no sólo los acontecimientos de la vida pasada, sino también, predecir los acontecimientos del futuro. Es obvio que serían dos ejercicios, cuyas características difieren sustancialmente, dadas las peculiaridades de lo pasado con respecto a lo futuro, pero en ambos casos estamos en presencia de proyecciones hacia "adelante", son predicciones a partir de las ideas que tenemos, desde las perspectivas que nos ofrece el presente; por lo tanto, en ambos casos estamos en "presencia" de conocimientos que tienen sus orígenes en el presente. Aquí el presente es lo anterior, aquello desde lo que partimos "hacia" el pasado o "hacia" el futuro.

Lejos de lo que muchas veces pensamos el conocimiento del pasado es tan difícil de lograr como el conocimiento del futuro. En ocasiones actuamos como si, realmente, de lo porvenir no tuviéramos derecho ni posibilidad de denunciar, de descubrir su naturaleza, porque no ha sido vivido, porque no ha dejado sus huellas para que sean interpretadas; sin embargo, en ambos casos partimos hacia un "futuro" de lo ya acontecido o un futuro de lo que acontecerá, y en ambos caminos hay un tronco ontológico del cual no podemos alejarnos con absoluta y total independencia: el presente.

Allí, donde pensamos que lo acontecido- por ser evidente- no necesita ser explicado, resulta que las perspectivas nuevas, bajo las cuales vemos el hecho histórico arrojan nuevas informaciones, a veces, hasta contradictorias y traumáticas para los individuos y para los pueblos; además lo acontecido no dejará de brindarnos nuevas informaciones, y para esto sólo basta con abrir el diapasón de nuestras expectativas, o sea, que las informaciones que aportará lo acontecido- que a su vez está aconteciendo, incluso, en nosotros mismos- depende, de hasta dónde estoy dispuesto a preguntarle y a escuchar todo cuanto tenga que decirme lo ya acontecido. Sería más bien asumir una postura hermenéutica conocida: estar dispuesto a dejarse decir algo por el texto, en este caso el tiempo histórico. Si el hombre, al decir de Martí, es un agente dispuesto a conocer nada podrá impedírselo a no ser él mismo.

Valdría la pena pensar junto a Gadamer el carácter transisional de estas dimensiones; pero especialmente su afirmación de que no existe el presente sino " solo horizontes cambiantes de futuro y de pasado...La comprensión histórica no puede otorgarse a sí mismo privilegio alguno, ni la de hoy ni la de mañana. Ella misma esta abrazada por horizontes cambiantes y tiene que moverse con ellos. ( 3 )" Pero tal vez el privilegio le esté reservado al presente y a través de él a la comprensión histórica, no como horizonte, sino como dimensión del tiempo en que es posible la manifestación existencial del SER, o sea, que negar la existencia del presente por su carácter transisional y efímero sería como negar nuestra propia existencia, como negar la materialidad y la unidad del mundo, porque transita y no se detiene.

La comprensión histórica tiene que moverse a través de horizontes cambiantes porque solo puede hacerse desde el presente, o sea que es un privilegio que no pueden gozar ni el pasado ni el futuro. El presente permite establecer los horizontes de pasado y futuro porque estos últimos son sólo eso: horizontes hacia los cuales miramos con una atención casi mística, como corroborando esa necesidad de milagros que padecemos desde el presente y sólo desde el presente. La nostalgia, la certeza del pasado o las expectativas, la incertidumbre o la añoranza del futuro nacen, precisamente, desde las vivencias y las agonías del presente.

A partir de estos razonamientos se puede concluir, que la historia como la ciencia que se encarga del estudio y valoración del pasado puede y debe reflejar ese pasado, pero no como una verdad acabada del todo y para siempre. Si lo pasado ya no puede ser mejorado o empeorado desde el presente, sí está expuesto a las influencias de las perspectivas del presente, el conocimiento de ese pasado. La posibilidad de obtener un sentido y un conocimiento de lo anterior dependerá, entonces, del proceso de asimilación en nuestras vidas de la " herencia" recibida y la concientización de su origen. No es posible el conocimiento del pasado si no reconocemos la vitalidad de su " presencia".

Martí sobre el conocimiento del pasado nos dice: " cómo hemos de llegar a la humanidad futura y probable sin el conocimiento exacto de la humanidad presente y pasada...Para estudiar los elementos de la sociedad de hoy es necesario estudiar en algo los residuos de las sociedades que han vivido." ( 4 ) De lo contrario habría que asumir el nihilismo de Sartre y aceptar que no hay valores preestablecidos, pues el hombre es un proyecto que se vive, que se construye a sí mismo sin que medie ni siquiera Dios para dictar cuáles deben ser sus deberes; aunque resulte incómodo no tener a Dios para facilitar las cosas, lo cierto es que el hombre está condenado a inventar al hombre, según Sartre, y en este camino de la construcción de su historia la valía de uno u otro camino sólo estará dado por el hecho de haber tomado una decisión determinada, pero no porque exista cierta regularidad, cierto carácter de ley en la vida social. (5)

Una actitud escéptica debería ser aceptada, sólo en el sentido de la indagación allí, donde parece estar dicho todo y se saben las consecuencias, e incluso, se proyecta el futuro o el futuro anterior, dándole seguimiento a las tendencias, estableciendo normas o determinados modelos, como si un punto de vista teleológico hubiera de afectar con una exactitud divina y mágica la realidad.

Si la vida de la sociedad aconteciera con independencia absoluta de la voluntad humana, aun así, deberíamos preguntarnos si ese acontecer tiene cierta dirección, cierta regularidad ó si ocurre caóticamente. Quizás el aporte mayor de Marx fue considerar, que allí, donde los hombres reconocen que ellos son los que hacen la historia, todavía no habían descubierto, que actuaban sin la conciencia de que estaban dominados por leyes propias de la vida en sociedad.

La concepción materialista de la Historia (6) enriquecía así a la posteridad explicando que el acontecer de la historia del hombre había ocurrido - aún cuando se manifestara a través de las artes o de la religión, etc. - como consecuencia de las luchas entre las clases sociales por satisfacer sus intereses, lo que era expresión de toda la diferencia que nacía en el seno de la vida económica, como aquella, ontológicamente decisiva que define - al implicar diferentes tipos de relaciones entre los hombres con respecto a la producción material- la razón que en "última instancia" esclarecería la más profunda de las causas, como consecuencia de la cual tienen lugar los hechos históricos.

Esta afirmación del materialismo de Marx no pretende ignorar toda la diversidad de problemas que se generan en la vida social y que propician los cambios, pero siendo consecuentes con ese pensamiento asumimos que se ha señalado el hilo conductor, la raíz que en “última instancia’ señala el origen de las contradicciones que han de ser resueltas mediante un cambio de carácter revolucionario de la sociedad. De ninguna manera se podría afirmar, que Marx hablara de un final de la historia, lo que sí declaró junto a Engels fue su idea acerca del inevitable final, de lo que había sido hasta ese momento la historia de la humanidad, como la historia de las luchas de clases, y de que el hombre empezaría a hacer su verdadera historia al imponerle al acontecer de su vida individual y de la vida social una orientación sustentada en la actividad consciente.

El aporte de Marx y Engels, está dado, por la revelación que nos hacen del acto necesario de la producción de bienes, como un proceso inevitable para garantizar la existencia de la especie, pero al mismo tiempo, el acto más importante alrededor del cual tiene lugar la producción de relaciones sociales, las cuales son definitorias de lo humano; sin ellas no habría un sentido de la reproducción de la especie, ni podría tener lugar la lucha por cambiar la historia y mucho menos la idea acerca de esa historia. Digamos, que sin esas relaciones no habría nunca una aprehensión por parte de ese ser " tirado al mundo" de su propia esencia, de su propio " yo", ni habría tampoco un reconocimiento de la sociedad hacia él como un individuo, menos aún como un hombre; de manera tal, que la carencia esencial que padece el hombre al nacer es social, y es ésta una carencia que aumentará con su vida.

Ha trascendido la afirmación de Marx de que" es el SER social quien determina la CONCIENCIA social", o sea, que es en la vida material de la sociedad donde deberemos buscar las premisas últimas que propician los cambios sociales; pero incluso, en nuestras propias vidas, en nuestras existencias individuales y agonizantes y sexuales, las condiciones materiales de existencia determinan la formación de nuestro espíritu, de nuestra personalidad, nuestra propia concepción, acerca del orden de cosas bajo las cuales vivimos, y de nuestra misión allí; lo que no quiere decir, que éste sea un proceso unidireccional, muy por el contrario, se trata aquí, de cómo desentrañar los móviles bajo los cuales tiene lugar la vida social, que se originan en la BASE de la misma, de las relaciones económicas condicionadas por las relaciones de propiedad que a su vez determinan la DIVISIÓN SOCIAL DEL TRABAJO que se corresponden con una determinada FORMACIÓN ECONÓMICO SOCIAL, para no sobredimensionar las manifestaciones que son más evidentes, en ocasiones, pero más engañosas, más ambiguas desde la SUPERESTRUCTURA de la sociedad; o sea las relaciones políticas, jurídicas, morales, religiosas, estéticas, etc que caracterizan un régimen económico social, un sistema político.

Las relaciones de propiedad, son un elemento sin el cual nos parece bien difícil que se pueda, realmente, explicar el devenir histórico, porque a través de ellas se expresan los intereses de clase a defender en las propias naciones, o ya en este mundo globalizado que pone en evidencia la inevitable lucha de que hablaba Marx, esta vez expresada, no sólo, dentro de los propios territorios gobernados "conforme a estatuto"(7), y generalizados como consecuencia del predominio de este modo de producción avalado en un pensamiento y una razón burguesa, que mantiene intocables los postulados con los que alcanzó su beligerancia como clase social; sino que se expresa en la contradicción entre países desarrollados y pobres, o para ser exactos, en toda la inmensidad de problemas con los cuales tiene que enfrentarse la humanidad en los albores del siglo XXI.

El mundo nuestro, está realmente gobernado bajo el estilo con que la burguesía revolucionó las formas de dirección social, de manera que son comunes a todos los sistemas dado el momento histórico que vivimos - por ejemplo, la legitimación del derecho al trabajo, al disfrute de los resultados de la producción y los servicios, a la vida, la salud, la cultura, la vivienda, a la garantía de los derechos del hombre, formalmente para todos, pero en la práctica pueden satisfacer estas necesidades humanas, por medio de la violencia ya legitimada, aquellas clases sociales, incluso, expresada en las relaciones internacionales, que tienen el poder económico y político.

Está claro, que dado el carácter emancipador de la clase obrera, esta legitimación lo que hace es reconocer y poner en el lugar que le corresponde a los verdaderos creadores de la riqueza, cuando se establece una dictadura proletaria, que a su vez emanciparía a toda la sociedad, que es la única forma de autoaniquilarse, aniquilando las clases sociales todas, y de salvarse salvando a toda la sociedad de la división que se da entre los hombres; sería ésta la redención del hombre en un sentido genérico y universal.

Pero la legitimación de los derechos en ley por sí sola no garantiza la solución de los problemas del hombre ni su redención, es tan solo un primer paso, una "condición necesaria pero no suficiente". Una sociedad del derecho, y más aún, del derecho burgués, como las sociedades actuales se pierden en el laberinto del Estado del derecho y ven agravarse las situaciones de crisis social sin alternativas reales, pues pretender hallarles solución dentro del propio sistema, o sea conservando precisamente la raíz del mal.

Y es que muchas veces, da la impresión de que el discurso de Marx, resultara una mordaza desde sus “caprichos teleológicos y comunistas", etc. Son de tal suerte las interpretaciones de la Concepción Materialista de la Historia, que es como si le cerrara el paso a otras explicaciones, de por qué tienen lugar los acontecimientos sociales, e incluso, de nuestras propias existencias, cuando en realidad no es más que un madero salvador en medio de todo el engaño que se bombardea sobre el mundo, para mantener el estado de cosas, que favorezca las ambiciones de un determinado grupo de hombres o naciones. Ese rechazo lo ha incrementado hacia el marxismo, por una parte la ideología burguesa que es su contrario declarado y que cuenta con todos los medios para hacerlo; pero por otro lado los propios predicadores del marxismo, tanto occidental como oriental, incluyendo aquí los fracasos del socialismo real y la imposición de una función servil de la teoría social con respecto a la doctrina ideológica que hacía del marxismo un catecismo, que serviría para verlo todo y explicarlo todo, de manera que tanto como la Biblia o más aún, las obras clásicas, muy a pesar del propio Marx lejos de comprenderse como guía y como un sistema abierto, no acabado, una obra humana y por lo tanto imperfecta, susceptible de ser mejorada, de ser continuada, etc., no admitía el más mínimo señalamiento y eso indiscutiblemente que puso a la producción teórica de la ciencias sociales en una situación de estancamiento. Allí donde supuestamente las realidades sociales permitirían un perfeccionamiento de la teoría el pensamiento social se avitrinó y echo a dormir una larga siesta de la que no ha logrado despertar aún.

He escuchado con cierta complacencia cómo algunos critican al Marx de El Capital y pretenden mostrarlo completamente divorciado y desentonado en comparación al joven hegeliano de izquierda de Los Manuscritos del 1844. En verdad en esos escritos ya están las tesis que luego serían desarrolladas. La esencia del mayor aporte al pensamiento posterior ya está allí, al partir de la actividad fundamental del hombre, el trabajo y las implicaciones en su de vida de las relaciones de propiedad, del sentido de tener y la propiedad privada. Ya desde allí se denuncia la inevitabilidad de que ese ser esencial y universal, como tendencia que se reafirma cada día, aún en medio de las convulsiones de este mundo globalizado bajo las desigualdades propias del sistema heredado que se profundizan, comience a construir la historia sobre la base de su actividad vital consciente.

Sería poco serio pretender la comprensión del asunto de la Historia, no reflexionando acerca de la apreciación que tenemos de nosotros mismos, que somos quienes nos cuestionamos la historia y quienes la hacemos, aunque no lo supiéramos; de modo que es preciso un fundamento antropológico enriquecedor del sentido de la Historia que implique no-solo comprensión de la esencia humana sino del " estar ahí " de Heidegger, o sea el mundo vivencial del individuo.

Como diría Dilthey: " somos seres históricos, antes que ser contempladores de la Historia, y sólo porque somos lo primero podemos ser lo segundo"; por lo tanto, aquí de lo que se trata es de comprender que somos protagonistas de la historia, que la estamos haciendo constantemente, aún cuando no tuviéramos conciencia de las leyes de la historia ni de hacia dónde nos dirigimos; pero somos conscientes de nuestros actos, de nuestra existencia.

Cada individuo tiene que enfrentar el mundo en medio de una situación social determinada por un conjunto de valores, y allí, desde la aparente insignificancia de su presencia, desde su mundo en soledad denuncia y reclama. Habría que ver hasta que punto estamos, realmente, solos ante situaciones límites de nuestra existencia. Sólo si estamos hablando de soledad existencial y no esencial podemos admitirlo, porque siempre una decisión implica autonomía, pensamiento, creatividad, lenguaje, lo que quiere decir que desde ese punto de vista estamos acompañados por toda la cultura de que hallamos hecho acopio. Ahora bien, es real esa soledad porque somos responsables ante nosotros mismos, en primera instancia, de las decisiones que tomemos, de la elección hecha con la independencia y el ascetismo que solo al ser humano le es dado; sin ignorar que el sentido de la responsabilidad que tiene un hombre no está muy lejos del sentido de la responsabilidad que socialmente ya se ha establecido y que son anteriores a nuestra existencia.

Nos impondríamos un gran absurdo si pretendemos una comprensión y comprometimiento con un sentido de la Historia si ignoramos las diferencias entre el deber ser del hombre y su existencia real. De qué otra manera podría explicarse la contradicción entre la fabulosa cantidad y diversidad de conocimientos, técnicas y tecnologías que sirven para explicar el mundo de las cosas, cuando sabemos que su aplicación en la vida social tiene consecuencias nefastas.

El propio pensamiento filosófico posterior al Marxismo - y del Marxismo hoy se puede decir que su reconocimiento generalizado implica, al mismo tiempo, no sólo la aceptación de su existencia, sino también, la fortaleza de sus argumentos, la vitalidad de su discurso, a pesar de que en no pocas ocasiones se inculcara como una especie de catecismo tan divorciado de una aprehensión dialéctica de la concepción de Marx - se encargó de articular diferentes concepciones filosóficas que irían a intentar las ciencias del hombre y de la historia.

No son casuales las propuestas irracionalistas del siglo XX, como es el caso de la Filosofía de Sartre: "Nada puede ayudar a elegir al hombre... si los valores son vagos o son demasiado vastos para el caso preciso y concreto sólo nos queda fiarnos de nuestros instintos.".... " usted es libre, elija, es decir, invente.

Ninguna moral general puede decir lo que hay que hacer; no hay signos en el mundo."(9) Tampoco lo fueron otras propuestas que no hacían más que denunciar la ambigüedad y el dudoso final feliz del futuro que el occidente decadente prometía, de manera que la inconformidad con la racionalidad moderna no es una novedad de la era pos, que no reconoce a sí misma para no envejecer, porque al hombre descifrar cada día con más inmediatez sus propias construcciones lógicas, sus nuevas formas de decir, de actuar y de pensar el mundo, éstas van perdiendo su encanto con ligereza sorprendente, al no dar respuesta a las interrogantes de los nuevos tiempos.

Y esa es una característica de nuestros siglos últimos, donde el proyecto revolucionario burgués " traicionó" el ideal de la consagración del individuo en aras de la consagración de la individualidad. En realidad nunca el pensamiento burgués intentó la consagración de la especie y con ello la consagración también del individuo porque su intención quedaba alienada en el umbral mórbido de una condición histórica que la limitaba, y hoy a lo más que llega es a tratar de remediar, un poco, esas vidas de individuos enfermos que necesitan tratamiento como lo necesitan, también, las sociedades. Mientras eso sucedía qué aportaba la producción teórica del Marxismo posterior a los clásicos, qué alternativa ofrecía. Tampoco el marxismo desde la concepciones académicas o de las prácticas del Socialismo Real, aún con todos los matices posibles, incluyendo los tipos de socialismo - que como dijera en su tiempo Martí, habría que ver " de qué clase de socialismo se trata"(10) - logró, realmente, salvar la distancia que cada vez se fue agrandando más entre la Esencia y la Existencia humanas. Obsesionados con el gran proyecto, con la necesidad y la justeza de reivindicar a la colectividad, a la masa sufridora de las calamidades pasadas ignoraron al individuo "vivencial y carente", independientemente de la voluntad manifiesta de emancipar al hombre, algo que no puede proponerse en serio el sistema burgués que incluye, por supuesto, el pensamiento nacido dentro de esas sociedades; sin embargo, el proyecto social socialista sí necesita contar con el individuo, con el carácter consciente de la actividad, tanto del colectivo como del individuo, y los fracasos están más ahí que en condicionamientos foráneos o claudicaciones de la dirigencia; todo esto, dentro del contexto de la guerra de las ideologías y de la desinformación que tuvieron que enfrentar. No es difícil admitir que el gran desarrollo, al menos en volúmenes productivos de las industrias que básicamente garantizarían el cimiento del futuro socioeconómico del nuevo sistema no marchaba en correspondencia con la preparación del factor subjetivo: el hombre que tendría que enfrentar los nuevos retos.

Algo que no debe ser ignorado, es el hecho de haber asistido a la muerte por asfixia, del encierro o el avitrinamiento a que se sometió el sistema en general pretendiendo aislarse lo más posible de un mundo que, inevitablemente, y de manera creciente desarrollaba relaciones de interdependencia en todos las esferas de la vida y muy en especial, en cuanto a la producción espiritual.

Fucuyama - y habría que citar lo planteado por él en cuanto a " la conciencia posthistórica representada por El nuevo pensamiento político... único futuro posible para la Unión Soviética"( 11) - y no sólo algún que otro postmoderno, de esos que dicen cosas como para quedarse pasmados – ha tenido cierta acogida en nombre de las aperturas, de los cambios y de una vastísima cultura... entre los profesionales de las Ciencias Sociales que yo conozco, lo que denota no sólo ingenuidad ideológica, sino también, lagunas o huecos negros en su formación - de la que no tienen culpa, son más "hijos de su tiempo que de sus padres" como decía el viejo proverbio hebreo - la cual tiene que complementarse, necesariamente, con la cultura universal; y no hay por qué negarlo: sin lugar a dudas, hay que saber de sus propios libros y de primera mano lo que dicen los pensadores occidentales sin que terceras personas nos traduzcan el significado de tales y más cuales teorías.

Los ejemplos sobran pero, digamos que, el propio pensamiento de Marx y Martí, esos dos puntales de nuestros ideales morales e ideológicos han sido aprehendido por la cotidianidad, ya no sólo por los eruditos o los académicos, en la medida en que han sido contactados directamente sus textos. Y es que el pensamiento libre y auténtico no necesita de intermediarios porque, como la sabiduría popular nos demuestra, éste es un parásito que a fin de cuenta vive a costa del esfuerzo ajeno, y flota al compás de las olas de este mar de problemas que tenemos que resolver.

Marx, a pesar de los intermediarios, o sea, de los eruditos y de las manipulaciones que de sus ideas hacen, vive en las entrañas del pensamiento universal por esa Concepción Materialista de la Historia, en torno a la cual gira todo su pensamiento, y toda la atracción de sus simpatizantes y detractores. Es interesante saber que, incluso, con cierto malestar Fucuyama, como muchos ideólogos y cientistas sociales, admite la tremenda influencia de este " instaurador de discursividad", al decir de Foucault.( 12)

Por esto Fucuyama convertido en uno de los paladines de la " posmoderna" idea del fin de la historia, se reprocha admitir- y por supuesto para él es algo desastroso - que " otro desafortunado legado del Marxismo, es nuestra tendencia de refugiarnos en las explicaciones utilitarias de fenómenos políticos o históricos y la falta de inclinación a creer en el poder autónomo de las ideas", algo que no es nada cierto, y más adelante señala su aspiración a ver la "victoria de la edad de un estado homogéneo universal", y todo esto es como para no olvidarnos de que con perdón de las intenciones de Foucault - el decía " No importa quien habla" algo que desde el punto de vista epistemológico, le concede al lenguaje un status ontológico en función del ejercicio interpretativo de un determinado texto- sí importa y mucho, pero mucho, quién habla y hasta quién escucha.

Ya se sabe que la intelectualidad occidental, lo que ha hecho es ensañarse con la filosofía de Marx, y con el socialismo como proyecto social; pero no creo que sea noticia alguna, después de ser esgrimido por cualquier escuela estos argumentos, como si al mismo tiempo no hubieran bebido de la savia que dejara este pensamiento, o como si las tristes realidades del Nacionalsocialismo y del Estalinismo se diferenciaran tanto del sistema social que vive el mundo hoy. No se discute ya la beligerancia militar y política, ni siquiera la económica como en otros tiempos, al existir un mundo unipolar, pero tampoco se ha conscientizado tanto, las tristes realidades que son también el resultado del proyecto moderno y hasta de los suspiros neo o posmodernos que claman por el fin de las ideologías, de las revoluciones y en definitiva de la historia.

Puede que ni siquiera los propios llamados posmodernos simpaticen con la manera de decir de Fucuyama, pero de todas formas en él hay cierta terrenalidad que hace brotar las implicaciones reales de la defensa desde un mundo de la opulencia, de cómo han de ser las cosas. ( 13 ) En realidad, se expresa detrás de estas ideas, el deseo de ignorar, desde perspectivas clasistas, conscientes ó no, reprimidas ó no, la voluntad y la historia de otros, y nuevas respuestas para los problemas del hombre que, simplemente, no pueden ser resueltas desde las desigualdades bajo las cuales funciona el mundo de hoy, evidentemente, un mundo de luchas locas por imponer una historia, una cultura, que necesariamente tiene que implicar el aniquilamiento de otras culturas y de otras historias.

Lejos de superar al pensamiento moderno, porque éste presuponía si la razón lo aconsejaba, " destrucción y muerte" para construir un nuevo proyecto social, la crisis del pensamiento filosófico de este fin siglo sugiere, a pesar de las buenas intenciones, una vuelta desaforada al irracionalismo y al nihilismo, en vez de proponer una superación de la modernidad que no excluya los valores indiscutibles que logró. Todo esto salvo algunas excepciones, como por ejemplo Habermas con su propuesta de recuperar lo salvable de la racionalidad moderna, lo que demuestra los matices que se dan dentro de todo este pensamiento, pero que inevitablemente producen un espíritu de la época, lo que ni siquiera parece haber conseguido Lyotard con su disertación acerca de la condición postmoderna.

Cuando se defiende la idea del fin de la Historia, se hace teniendo en cuenta, que ella (o sea, la Historia) presupone también la idea del progreso y de la revolución, y está claro que la manipulación de estos conceptos, la pérdida de credibilidad en las consignas por normas o metas a las que se debería arribar, en el sistema social alternativo al capitalista, que se había erigido en los pueblos soviéticos y de la Europa Oriental - los cuales viven la confusión política probablemente más dolorosa de su historia- no deben significar una renuncia radical, irracional y nihilística, a la necesaria búsqueda de soluciones, para un mundo cada vez más urgido de las bondades del atributo de la razón y de la conciencia.

De la misma manera que un individuo siente nostalgias de su vida pasada y añora encontrarse con viejos amores, con viejos amigos, o simplemente, pasar por el parque donde dio su primer beso - y esas son cosas que forman parte de su vida, de su subjetividad, de su existencia, de su yo- así mismo la historia forma parte de la vida de los pueblos, de las diferentes nacionalidades y grupos étnicos, con sus culturas diversas a las cuales no pueden renunciar, porque tendrían que dejar de existir como tales, tendrían que construirse una nueva historia, tendrían que asumir, como el existencialismo y en este caso Sartre, que se tiene que partir de cero, porque no hay historia pasada, sino la que se hace a partir del necesario proyecto que tiene que construirse, inventar cada hombre, cada pueblo sin presupuestos anteriores, sin valores anteriores. Es como si se olvidara el hecho simple de que la idea de que se puede tomar alguna decisión ya implica en sí misma valores anteriores, que la propia idea de la soledad tiene una naturaleza social y anterior.

Todo lo que hemos estado planteando, nos ayuda comprender hasta qué punto, podemos permanecer indiferentes ante los acontecimientos históricos, de los cuales formamos parte, aún sin nuestro consentimiento, porque nadie elige el país ni el momento histórico en que va a nacer. ¿Verdad?

Los humanos, no sólo estamos obligados a vivir en el tiempo y hacer la historia para poder garantizar nuestra propia existencia, sino que estamos obligados a concientizar el devenir del mundo, de las sociedades y los individuos, porque es esta una cuestión esencial, que tiene que resolver éste ser esencial, pues sólo él tiene esa responsabilidad en el universo hasta ahora conocido por nosotros; pero si un día apareciera algún ser inteligente, o apareciera el mismísimo Dios, el cual fuera aceptado por todas las religiones, etc., quiere esto decir que el hombre estaría exonerado de pensar en la historia, de renunciar a su visión del pasado de su presente o del porvenir, para que otro lo haga por él, como si tal cosa?. A nosotros nos parece insostenible tal idea, pero al mismo tiempo, la consideramos dañina éticamente, y un instrumento de dominio desde el punto de vista de las ideologías.

Pensemos, entonces, que la identidad de un individuo, tanto como la de un pueblo o una nacionalidad, es imposible de lograr sin que haya aprehensión, de su propia historia. Sólo mediante este proceso será cada vez más consustancial con la persona humana tener conciencia de su lugar en el proyecto de realización de lo humano, y será cada vez menos frecuente la triste indiferencia ante los desafíos del mundo, o ante el papel protagónico que tiene que jugar insoslayablemente el individuo para que la historia se reencuentre con sus orígenes.

Este es un proceso a nuestro entender que irá ganando cada vez más terreno a pesar de los intentos de idiotizar al mundo y de fragmentar la realidad para venderla en subasta. Como dice Menassa ( 14) "el mundo está empaquetado para ser vendido"; pero habría que ver quién sería el loco que asumiera su compra, quién querría ganarse tanto problemas al mismo tiempo. Efectivamente, nadie pretende comprarse problemas, sólo habría que preguntarle a las transnacionales si incluyen en sus compras la solución de los problemas, ó si en realidad les dejan las miserias a los gobiernos para desacreditarlos ante la propiedad privada y buscan obtener ganancias sin tener en cuenta el costo social; si no dividen internamente los países e incluso, desarticulan en cuanto pueden las asociaciones entre Estados independientes.

Jean Francois Lyotard nos habla de la desmaterialización de la realidad como una característica de los tiempos que vivimos de manera que " el acceso a nuestro propio cuerpo cada vez está más mediatizado..." puesto que se da una especie de desmaterialización en todas direcciones: del lado del referente, del lado del destinatario, del lado del propio soporte del mensaje. Lyotard se convierte en la primera voz de la condición postmoderna, presupone abstinencia ideológica total, en un mundo donde las tecnologías en especial la informática han propiciado un estado de cosas que no permite que uno distinga lo real de lo que no lo es.." quién es autor del mensaje , quién el destinatario y quién no lo es." (15)

Esto nos recuerda a John Kennet Galbrait en su libro acerca de la Sociedad postindustrial, un exponente, que no dejaba de ser interesante, de la Teoría de la Convergencia, la cual suponía el dominio de las tecnologías sobre las ideologías como definitorias de los acontecimientos sociales. Todo ese gran desarrollo científico-tecnológico - donde el " acceso del sujeto a las cosas se mediatiza..." - aparece como la causa de los estallidos de las grandes guerras " totales " e incluso, es la causante de " los totalitarismos, de la brecha creciente entre la riqueza del norte y la pobreza del sur... la desculturación general con la crisis de la escuela..." ( 16) Esas son las afirmaciones que tienden a desorientar, a confundir porque detrás de las tecnologías, está la concepción del mundo que tienen los que las hacen y utilizan.

Las revoluciones científico-tecnológicas sólo han podido ser el resultado de la voluntad y la racionalidad humanas, en fin de la práctica, y no generan por sí mismas conflictos insalvables entre los hombres, sino que son utilizados por estos en dependencia de sus intereses y su conciencia de clase, cuyo concepto no ha perdido para nada vigencia en cuanto la explicación de los acontecimientos sociales. No creo que haya variado para nada la definición leninista de las clases sociales, como tampoco hubo en Marx algún intento de adjudicarse el patrimonio del descubrimiento de las clases sociales que es anterior, mas bien, lo que hizo fue utilizar ese descubrimiento como mismo hizo cuando incorporó la teoría del desarrollo que encontró su mejor exposición en la dialéctica hegeliana, aunque tuviera que hacer aquella “inversión” hacia una posición materialista.

Achacar al desarrollo tecnológico la culpa de nuestros desastres o de las posibles soluciones a los mismos, teniendo en cuenta la impronta inevitable de la aplicación de logros científico-tecnológicos en la vida de la sociedad, y que por consiguiente debería lucharse por ignorar concientemente y eliminar los razonamientos de tipo ideológicos constituye, al mismo tiempo ya, una posición ideológica; o sea, sería como decir: dejemos las cosas como están, porque ellas mismas van encontrando su propia solución, no habría una propuesta de cómo eliminar las desigualdades entre los hombres, etc, más bien la denuncia de esos problemas tendrían un carácter contemplativo. No sería posible la movilización de los que padecen hambre, enfermedades, etc., en la búsqueda de soluciones ni mucho menos, simplemente, ese mundo que hemos creado, ese mundo de cosas consolidaría al hombre en su carácter de objeto insertado en el mundo de las cosas como una más, sin capacidad de actuar, sin voluntad, sin conciencia, sin deseo, y completamente acéfalo a la hora de tomar decisiones acerca de su propia historia.

Se estaría defendiendo una abstinencia ideológica que no serían capaces de practicar - de hecho es lo que sucede- los que así dicen pensar, primero que todo, porque la producción de ideologías es un acto necesario que trasciende voluntades y éstas últimas sólo han sido concientizadas luego de un proceso largo de reconocimiento del lugar que se ocupa de manera integral en la sociedad, en dependencia, precisamente, de la pertenencia ó no a una determinada clase social como punto de partida. Ah, ese proceso de aprehensión del lugar que se ocupa en la sociedad permite, al mismo tiempo, una comprensión de la sociedad en su conjunto. Lo que quiero decir es que no es posible detener la producción espiritual, ésta siempre se corresponde a determinada condición material de existencia, o como lo dijo Marx: el Ser Social determina la Conciencia Social, y resulta que los logros científico-tecnológicos por sí solos no eliminan diferencias humanas que nacen más allá de ellos mismos.

Tal vez sea continuidad histórica esta desmaterialización de la realidad y el llamado a la muerte de las ideologías y de las revoluciones y de la historia

Adorno se remuerde, con su Dialéctica Negativa por el dolor de Auschwitz de suerte que la cultura posterior y anterior al fascismo es " basura " y es esta su respuesta ante el temor de que se repita la misma escena, pues " Quien defiende la conservación de la cultura radicalmente culpable y gastada, se convierte en cómplice... " ( 17) No propone alguna salida decorosa, parece inevitable que el hombre sea víctima de su propia creación. Parece inevitable que andemos sin rumbo cierto, sin un futuro constructivo y de armonía para todos. No puede sacarse de la mentalidad humana y de la práctica histórica otra cosa que no sea desastres y más desastres. Tanto dolor no deja espacio a la esperanza, al optimismo.

La tristeza del genocidio que llevó a cabo la cultura Alemana es más bien el resultado de toda la cultura de su tiempo, que hizo énfasis en sus valores más negativos, pero ya tenía sus antecedentes en la historia que había vivido la humanidad. Tal vez deberíamos entender que tanto la cultura anterior como la posterior al genocidio fascista pueden desembocar en concepciones del mundo y practicas humanas tan genocidas o peores que las vividas durante la Segunda Guerra Mundial. En realidad ya Weber lo dejaba entrever y el propio Foucault nos decía que el Fascismo no es una excepción como tampoco lo fue el Stalinismo, sino que la sociedad estaba preparada para esas manifestaciones extremas del poder, estaban creadas las condiciones, eran un producto consustancial al propio sistema, como hoy podríamos pensar, aunque nos disguste y no lo aceptemos mansamente, que a la Aldea Global le espera un gobierno mundial que podrá masacrar a muchas más personas que lo conseguido por el fascismo y el stalinismo juntos. Lo peor de todo es que ya lo estamos viviendo y ante nuestros propios ojos mueren y seguirán muriendo diariamente miles de personas como si fuera lo más natural del mundo.

Estamos viviendo una situación única en la historia humana, donde lo que nosotros pensamos que será el paso de una formación económico-social a otra superior implica, a su vez, el peligro real de la desaparición del propio género humano sobre la tierra. Ningún paso de una formación a otra tenía tuvo tanta magnitud y, aunque, los cambios siempre han sido traumáticos no exponían en su desenlace, una vez que quedaban agotadas las posibilidades del sistema, a toda la humanidad. En este caso nos encontramos ante un Leviatán real, con un poderío económico y militar hegemónicos que al caer con su peso enorme lo menos que puede causar es mucho desastre y mucho ruido, entiéndase que a pesar de los grandes adelantos tecnológicos que podrían garantizar bienestar para la humanidad el carácter salvaje y egoísta de su propia naturaleza no le permitirá comprender el hecho inobjetable de la muerte de todo lo que nació un día; por lo tanto, además de muertes y desastres de todo tipo desde el punto de vista material nos esperan concepciones mucho más aberradas e irracionales que las que caracterizaron al Fascismo y al Stalinismo.

Sólo hay que escuchar con cierta atención la radio, o leer el periódico, o ver algún espacio noticioso del día para reconocer que el genocidio continúa, que la cultura de los ricos presupone la ignorancia de los pobres, que la Europa culta y vanidosa no puede ocultar su andar ya cansado y enfermo, que la multicultural Unión de Estados de Norteamérica a pesar de su poderío se carcome las entrañas y se precipita sobre un futuro cada vez más incierto; Pero, en medio de esto no habrá valores que rescatar y cultivar, no habrá ideales por los cuales valga la pena entregar lo mejor de sí?

Octavio Paz ( 18) recuerda la muerte de la revolución, del progreso y nos dice: "he hablado del fin de una era: presenciamos el crepúsculo de la idea de la revolución en su última y desventurada encarnación la revolución bolchevique.." Reconoce que " la situación de México no es excepcional: el mundo vive desde hace años no las consecuencias de la muerte de Dios, sino de la muerte del proyecto... asistimos al ocaso de las utopías tanto las socialistas como las capitalistas", sin embargo, un contemporáneo suyo nos recuerda el hecho de que tampoco hay propuestas "pos" de cómo resolver los problemas sociales de manera práctica.

Carlos Vázquez Montalbán nos dice: que " estamos en la etapa del desarme, viviendo con la sensación de que los esquemas ideológicos se han venido abajo; pero si uno repiensa el mundo, se da cuenta de que los problemas siguen siendo los mismos. Incluso Octavio Paz que no es nada sospechoso de ser demasiado revolucionario decía: las preguntas siguen siendo las mismas, lo que han desaparecido son las respuestas." (19) Pero lo que se ha demostrado es que las respuestas a las preguntas generan a su vez nuevas preguntas una vez ya resueltas, en definitiva la solución a los problemas de la sociedad global, no satisfacen las expectativas con que fueron creadas y muchos se adelantan en afirmar que las ideologías ya no juegan su papel, que no son necesarias, como no son necesarias la revoluciones.

No sé por qué habría que insistir en hacer revoluciones sociales al estilo de la francesa, la rusa, la cubana en las condiciones actuales. No creo, tampoco, que una revolución social aislada tenga éxito, si tuviera la osadía de llevar a cabo las medidas que por ejemplo se implementaron en Cuba, afectando los intereses de las compañía norteamericanas y extranjeras, aún cuando el gobierno que se implante lo haga indemnizando a los antiguos dueños como hizo Cuba. La credibilidad en los procesos revolucionarios, las luchas sindicales, el papel de los partidos políticos, los grupos minoritarios, etc., han disminuido, han perdido originalidad. No sido poca la corrupción y el fraude, ni han sido pocas las trampas que les ha tendido el Capital en sus nuevas manifestaciones a los pueblos, tanto a los del Norte como a los del Sur.

Tampoco los problemas son los mismos, como no podrían ser los mismos los métodos de lucha y reivindicación que la necesidad de cambios sociales acordes a nuestros tiempos. Se impone dejar a un lado los pronunciamientos abstractos que no aportan, realmente, al desmantelamiento de los sistemas de valores que vive el mundo, incluyendo los sistemas económicos, políticos, morales, jurídicos, etc., que indiscutiblemente están crisis y no pueden dar solución a los desafíos con que tiene que enfrentarse el mundo. En nuestro caso no sólo los abstractos y repetidos con relación al enemigo histórico y al sistema capitalista. Como bien decía Fidel hay argumentos que hay que repetirlos y no olvidarlos por su importancia, pero además de esos argumentos que señalan, sobre todo, la paja en el ojo ajeno, es necesario que la producción teórica aterrice en nuestros propios asuntos y que lo haga con el natural desenfado, la valentía y la frescura que demandan estos tiempos, en un país que culturalmente se prepara y fortalece para dar la batalla en el campo, que no puede ser vencido y al que no quisiera acudir nunca el gigante el de los valores y las ideas.

Reconocer una Formación Económico-social, a la cual corresponde un determinado Modo de Producción, que a su vez implica determinadas Relaciones de Producción y de Fuerzas Productivas, que a su vez tienen lugar sobre determinadas Relaciones de Propiedad; así como, reconocer que la vida material de la sociedad es determinante con relación a la producción espiritual o ideológica; reconocer que la Política es expresión más concentrada de la Economía, como nos planteara Lenin; reconocer todos estos argumentos irrebatibles es, tan sólo, el comienzo de la explicación de la vida de la sociedad, la guía metodológica. De poco serviría intentar esgrimir la teoría de la Lucha de Clases, si no somos capaces de reconocer los nuevos sujetos de esas luchas, las cuales, también, han cambiado. Nuestro Marxismo tiene que ser capaz de analizar las nuevas realidades del mundo globalizado, incluyendo la nuestra urgida de un enfoque teórico-conceptual, que hasta ahora ha marchado detrás de esa realidad y del pensamiento y las decisiones político-ideológicas.

Este es un asunto sumamente delicado y podríamos analizarlo desde una postura hermenéutica que ya hemos señalado y que por analogía podemos emplear; o sea, partiendo de dos sujetos que se plantean con la voluntad de dialogar, al existir esa voluntad, esa intención que, inevitablemente, produce una “fusión de horizontes” a partir de los pre-juicios que participan en dicha actividad, porque estamos dispuestos a escuchar, a dejarnos decir algo por el “otro”; el “otro” que es a su vez la medida de lo que yo soy y viceversa, la fusión del “tú” y el “yo” para conformar una unidad distinta, de la que nacerán, se producirán concepciones que por caminos separados tienden, necesariamente, a la unilateralidad, al encierro en sí mismo, a no tener disposición de escuchar argumentos distintos y necesarios, a la imposición, al convencimiento, el adoctrinamiento ortodoxo y dogmático que no contribuye, sino que destruye como un virus el pensamiento legítimo y original, por consiguiente, condiciona la conducta del individuo y los grupos sociales bajo un determinado rango de actuación muy lejos del carácter distintivo de la “actividad vital consciente” que Marx nos proclamara distintivo del ser humano.

En realidad, nada de esto es nuevo. Hegel fue inconsecuente con el propio sistema que había creado al introducir el carácter universal de las leyes de la Dialéctica y el historicismo; sin embargo, tuvo que justificar el máximo grado de desarrollo de la historia de la sociedad, con el sistema político prusiano. Allí se detenía la historia, allí tenía que subordinar su teoría a la concreción de la realidad político-ideológica que no le perdonaría aparecer como un elemento más de la historia, tenía que ser la perfección y la excepción; por lo tanto, ese régimen social estaba por encima de las leyes universales del desarrollo y de la historia. Hasta Platón tuvo que pronunciarse acerca de esta relación entre el filósofo, que era el cientista social de su tiempo y los que gobiernan, independientemente de que para él, aquellos de alma inteligible por excelencia, los filósofos eran los que debían gobernar: “Tienen razón al considerar a los razonables y capaces filósofos como gente inútiles a la sociedad, pero no es a estos a quienes es preciso atacar echándoles en cara su inutilidad sino a los que no se dignan a utilizarles”( ) 208

Por eso considero que esta no es una situación nueva. Unos corren más peligro que otros y unos se arriesgan más que otros, de la misma manera, que en nuestra realidad se denuncian por algunos cosas que otros piensan pero no lo dicen abiertamente y son por eso considerados en ocasiones “problemáticos” o con problemas “ideológicos” que deben ser analizados. Muchas adoptan una postura de la apología barata y poco viril de repetir todo lo que se debe repetir, sin incorporar una sola idea de su propia cosecha. En todo caso la denuncia debe ir a cuestiones esenciales, a la reinterpretación de las cosas que hacemos y cómo las hacemos, pues de lo contrario seguirán produciendose manifestaciones de rechazo y con muchísima razón a la “teoría” mojigata que no se atreve a dar sus primeros pininos.

Si aceptamos el hecho de que la “verdad siempre es concreta”, como nos decía Lenin, y de que nuestro pensamiento sólo funciona con juicios verdaderos, podríamos concluir que ese pensamiento, que también es posible bajo determinadas condiciones materiales de existencia, no puede renunciar a la búsqueda de la verdad, por que ese es su substrato, lo que le da movimiento, en la medida que transita, ella misma, auto aniquilándose, transformándose, siendo y no siendo para no perecer.

Por eso no tiene sentido hablar de verdades eternas o absolutas como explicara Engels. Cada verdad es susceptible de ser mejorada, o sólo tiene validez en un contexto específico, y en la medida que seguimos indagando, entonces, aparecerán nuevas propiedades y relaciones que requieren, a su vez nuevas explicaciones. No creo que puedan explicarse los fenómenos de la física mecánica sin los aportes de Newton, ni creo que con las leyes de Newton se puedan explicar todos los fenómenos de la física y ni siquiera de la propia mecánica. Eso mismo es lo que sucede con la vida de la sociedad. Marx descubrió leyes pero esas leyes no pueden explicar todos los fenómenos de la vida en sociedad, sería un absurdo. Él no se lo propuso, tampoco habría que exigírselo y ya no puede decir más de lo que dejó plasmado en sus trabajos; entonces, que nos queda si no auxiliarnos de lo que ya sabemos para ubicarnos, para tener una orientación a partir del camino trillado por todo el pensamiento anterior. Acaso renunciaríamos a una brújula para ir hacia el Norte, hacia el Sur, hacia el Este, hacia el Oeste, etc.? No lo creo, si lo único que tuviéramos fuera una brújula; pero si tenemos nuevos instrumentos y medios más sofisticados de orientación, éstos tampoco anularían las funciones de la brújula, aunque tuvieran muchas más aplicaciones.

Por lo tanto, ignorar a Marx como ignorar a Newton es un error, y aún cuando lo hiciéramos de mala fe, aún cuando lo hicieran los hombres para justificar una actitud antihumana, egoísta, cruel que implique el aniquilamiento de pueblos enteros, no deja de ser un error; de la misma manera que pretender descontextualizar la Concepción de la Historia de Marx y atribuirle el carácter de varita mágica o verdad absoluta que puede explicar campos de la vida social que requieren un nivel mayor de profundidad y de especificidad. Es como decir que Newton con sus concepciones tuviera que explicar lo que luego pudo ser posible gracias a las leyes de la relatividad de Einstein, eso simplemente no tiene sentido, como no tiene sentido renunciar a las verdades que nos legaron.

Si Vattimo reniega de la categoría de verdad para proponer entonces buscar caminos "diferentes" - cuánto significado tendrá en la búsqueda de estos caminos la idea de que el mundo ya está "transformado”, y de que lo que se trata es de "reinterpretarlo?” Bueno querrá decir más aquí Vattimo de lo que dicen el resto de los que se llaman o son reconocidos como postmodernos, aunque él se reconociera o no como tal.? En definitiva, lo menos que podemos hacer es recordar que el acto de interpretar no implica solamente una manera de pensar, ni limitarse al ejercicio del pensamiento divorciado del mundo real, por lo tanto es también y primero que todo una actitud ante el mundo, una manera de conducir el conjunto de actividades propias de la especie. El acto interpretativo, como tal, es posible gracias al atributo humano del lenguaje - cuya sublime expresión es la palabra conceptual - que implica actividad creadora por parte del ente capaz de transformar el mundo y a sí mismo.

Hace falta una nueva manera de actuar, una interpretación diferente del mundo, pero esto dista mucho de pensar el mundo desde el lenguaje en sí mismo, como si éste tuviera un status ontológico independiente de la propia actividad humana. El mensaje que no debemos ignorar, es que hemos transformado el mundo ateniéndonos a presupuestos políticos, filosóficos, morales, religiosos, científicos, jurídicos, etc; pero las concepciones que tenemos de la transformación que se debe llevar a cabo no puede superar las condiciones materiales sobre las cuales se sustenta. No es que aceptemos la idea de que el mundo ya está transformado, sino que, reinterpretar el mundo significaría revolucionar nuestra actitud hacia ese mundo. No seríamos los mismos, como sujetos de la transformación, armados con ideas distintas y más acordes con la esencia de lo que somos; pero al mismo tiempo el objeto de la transformación no sería el mismo en la medida que su concepto depende de la interpretación que nosotros mismos hacemos.

Una reinterpretación del mundo no equivaldría al quietismo ni a desertar de los ideales más nobles, más altruistas y más universales que ha conocido la humanidad. Cuba y su pueblo y su líder en estos tiempos de claudicaciones, de presiones pueden ser un ejemplo. Fidel sigue defendiendo sus ideas, sabe que en las actuales condiciones económicas, políticas y sociales que vivimos el mundo es inmanejable, ingobernable, con un futuro cada vez más oscuro y el peligro evidente de la desaparición de la especie humana. Ya no se trata solo de matarnos en una guerra nuclear, sino de la lenta masacre de todos los días que cobra vidas y más vidas. Se impone que nos pongamos de acuerdo, no podemos seguir hablando sin entendernos entre los humanos y esa no es una tarea fácil. No resultó extraño que lo dijera con el rostro fruncido y produciendo más ideas al mismo tiempo que pronunciaba estas palabras "hay que reinterpretar el mundo".

Hacemos el paréntesis porque la apreciación que tengo es que a veces creo entender que estas ideas de Vattimo se interpretan como dirigidas en contra del Marxismo y se diera por inviable su proyecto, como si la afirmación de Marx de que había que transformar el mundo no estuviera fundamentada en una valoración de las condiciones específicas de cada pueblo, del momento histórico, como si se aplicara en calidad de varita mágica y no como una guía esclarecedora de cómo y por qué tienen lugar los problemas sociales.

Una experiencia valiente y novedosa, aún cuando muchos se muestren escépticos de su desenlace, es la que protagonizan los chinos en medio de la crisis que vive el mundo. Tal vez no ha sido justamente valorada la historia de la revolución china desde la década del 20 hasta nuestros días; pero lo cierto es que han defendido y conservado sus valores y protagonizan lo que para muchos era impensable " un país, dos sistemas". Bueno, llegar a esta idea y llevarla a la práctica tiene que haber sido consecuencia de la reinterpretación de los fenómenos sociales, en un intento por salvar el país y conservar el país, ese que es el más poblado del mundo, que tiene tantas nacionalidades, grupos etnicos, diferentes culturas, etc y es una propuesta que se hace desde posiciones marxistas, revolucionarias, desde un sistema que defiende el Socialismo.

No es extraño que los europeos se unan económica y políticamente cuando lo hacen para ser fuertes ante el hegemonismo de EE.UU., sin embargo, es preocupante que lo haga China, con sus pueblos, que les fueron cercenados durante siglos, o que Cuba se pronuncie y hable de la unidad latinoamericana y caribeña, incluso, desde el punto de vista político, siendo el único país socialista del hemisferio occidental, eso no supone, también, una reinterpretación de la situación del mundo, o será que la reinterpretación del Marxismo constituye la negación de sus principios, de sus ideales?

Habermas cree fervientemente en la democracia, y en el sistema educacional de la gran nación del norte de América, y deposita toda su confianza en el poder que genera un estado del derecho, casi absoluto, como mecanismo de regulación de la vida social, el cual se ajusta muy bien, precisamente, a la sociedad más llena de problemas y por eso mismo más llena de regulaciones, porque se hace necesario tipificar los fenómenos que en forma creciente amenazan con sumir en el caos total a los sistemas sociales enfermos que le dan vida. Acaso no habría que reinterpretar el estado del derecho, acaso no se demuestra, diariamente, que el solo estado del derecho no implica justicia social, ni la realización de los derechos del hombre, ni la eliminación de las causas de las desigualdades y la enajenación: de la actividad vital humana que es el trabajo, de las relaciones que se establecen en torno al trabajo, al producto del trabajo?

Habría que hacer notar aquí el hecho subrayado por él de que los discípulos de Derrida y de Foucault " responsables de las únicas teorías verdaderamente interesantes del postmodernismo desde el punto de vista filosófico deben estar asustados con lo que está sucediendo ahora en Yugoslavia, Rusia,...". Para prevenir males mayores sugiere, entonces, el fortalecimiento de las organizaciones supranacionales en su capacidad de acción pues no se trata de una " simple reiteración retórica de los derechos humanos y de la necesidad de asegurar la paz y la democracia, sino de perfeccionar las instituciones políticas que sean capaces de enfrentar esa universalización técnica y de imponer el universalismo normativo. Todo eso es más fácil de decir que de hacer... ( 20) dice Habermas que luego de dedicarse durante los años 60 a cuestiones histórico-filosóficas " al estilo clásico y daba prioridad a todo aquello que en aquel momento aludiese a grandes cuestiones supraindividuales" ahora está más dedicado a la idea de que "todo lo que tenemos son contextos comunicativos de carácter intersubjetivo, además de instituciones que tienen un carácter intersubjetivo, de manera que dichos contextos comunicativos exigen una acción también de tipo comunicativa."( 21) Este es el gran desafío en un estado mundial que se pierde en laberintos del derecho burgués y que le ofrece muy pocas posibilidades a las demandas que atenten en contra del estado de cosas que se corresponden con los intereses de las economías hegemónicas de los grupos de poder.

Si bien Weber explicaba que la legitimidad se alcanza por medio de la legalidad que se ha creado en función del Estado porque éste necesita " un derecho con el que se pueda contar lo mismo que con una máquina... " y que " la creación de semejante derecho se consiguió al aliarse el estado moderno a los juristas, para imponer sus ambiciones de poder" ( 22); y si al mismo tiempo afirma que a todo Estado le es propio la coacción pues " reclama para sí con éxito el monopolio de la coacción física legítima"( 23) en Habermas resulta que el derecho discursivo brindaría la posibilidad de legitimar no la coacción, sino la acción comunicativa a partir de la exposición y la defensa de argumentos.

El asunto es que el " pragmatic turn" que hace Habermas resulta una abdicación del Marxismo ( al menos del Marxismo que yo entiendo, así que no pretendemos un verdadero Marxismo, sino que damos por sentado que es nuestra apreciación ) que él reconoce y que subyace desde antes, y que coincide con los intentos de jugar a la Sociedad Civil dando por cierta la muerte de las ideologías.

Si las ciencias del hombre sólo se empiezan a parir y la confusión por la ambigüedad de la palabra y hasta de las intenciones y del sentido que se le quiere imprimir, dejan un sabor pesimista, en cuanto a las expectativas humanas, como si no quedaran alternativas, como si la certeza del final no dejara posibilidad alguna para sobrevivir dignamente.

Si diluida en las multitudes la muerte del autor de que nos habla Foucault es un detonante para hablar de la muerte del individuo, del sujeto, de los valores, de la cultura, de la historia, del arte de todos porque le da muerte el arte de dos o tres - un arte cada vez más esotérico y menos universal- que necesita esconder en sus conceptos su miedo a morir su propia muerte, acostumbrados a morir la muerte del otro.

Si resulta verdaderamente traumático, el acto de concientizar los límites reales del pensamiento moderno, bajo el cual fueron erigidas las sociedades del occidente y que luego trasladaron al resto del mundo.

Si la Historia que nos espera, está inevitablemente relacionada con lo que acontezca en Occidente - y la globalización tal vez debería ser entendida mejor como occidentalización del mundo- porque nuestra Utopía tiene que ser terrenal y no galáctica, al estilo de H. G. Wells, pues una Utopía posmoderna no sería posible ubicarla ni siquiera en el espacio sideral, ahora tendría que ser ubicada en la transhistoricidad que no conozca de ideologías y de luchas de clases.

Entonces, sería bueno observar con detenimiento estas diferentes posturas, que en definitiva encarnan las preocupaciones de este tiempo por encima, incluso, de los padecimientos individuales; de manera, que siempre sería provechoso para una mejor comprensión de las protestas en contra de los valores ya establecidos, me refiero especialmente a la necesaria desmitificación del culto a la idea del progreso, de la revolución e incluso de la razón a que hacen alusión los "pos" pero por supuesto con la óptica que implica una actitud que se fundamenta en una concepción materialista de la historia que es tan solo el punto de partida para una mejor comprensión de nuestro lugar en el universo.

Qué puede significar, realmente, la defensa de la Sociedad Civil y de los derechos del hombre, cuando se hace desde las perspectivas, antes señaladas, que solo se proyectan con relación a las existencias individuales para consagrar a las individualidades, pero no tratan de desentrañar y llegar a la resolución de lo humano, o sea a su esencia. Puede acaso algún proyecto social emanciparse de las condiciones reales de producción y reproducción de la especie ?

De todo esto resulta que las ideologías se afianzan, se hegemonizan y pretenden la libertad para "todos" que ya " poseen" en sus manos y que no van a entregar porque también se ha privatizado, y utilizan incuestionablemente al Estado como el instrumento perfecto que pone a sus pies las riquezas del mundo; pero a diferencia de otros tiempos, éste es un fenómeno que se ha internacionalizado, porque no sólo las economías se salen de sus fronteras, también se sale la política - esa expresión concentrada de la economía de que nos hablaba Lenin - y desde las organizaciones internacionales, de todo tipo gobiernan el mundo.

Muchos se preguntan, entonces, de qué muerte hablan los posmodernos, pues su muerte es distinta, aunque sabemos de todos los peligros comunes. Efectivamente ahí están los problemas inmediatos de los seres reales y vivientes de las dos terceras partes de la población mundial, que no son los mismos, desde sus economías depauperadas, sus hambrunas, etc; tampoco su pensamiento se corresponde con los problemas del norte occidentalizado. Habría que escuchar las propuestas del sur, tal vez, mucho más cultas acostumbradas a atemperarse al modo de decir del norte para no ser discriminadas, para ser escuchadas, para ser comprendidas en sus justos reclamos.

Tal vez quienes tienen muchas más razones para aspirar a un fin del Estado y de las ideologías, de la revolución y de la Historia sean, no aquellos que gozan de los beneficios, los desafíos y las alienaciones que implica vivir bajo un mundo " organizado y estructurado" con pretensiones "post"; sino los que padecen no tener siquiera una existencia enferma, porque se les ignora su cultura, su historia, su derecho a la vida, su reconocimiento como seres auténticos que luchan por un lugar en este mundo.

En este caso, si bien es irremediable el final en el tiempo, eso no quiere decir que no podamos evitar la extinción de la especie a causa de la no concientización de nuestra propia condición de humanos.

El fin de la historia de que habla Marx se refiere a la historia, cuyos móviles no alcanzan la dimensión del deber ser del hombre, o sea, no alcanzan la concientización de la verdadera condición de lo humano y que, por tanto, no construye su historia, no vive, ni se plantea su misión en este mundo, con arreglo a dicha condición.

Ya hace mucho tiempo que lo hombres han tomado conciencia de la finitud, incluso, del sistema solar, ya no solo de la especie humana; por lo tanto, también de su historia, aunque ya hablábamos de la temporalidad, como un atributo del ser, independiente de la propia conciencia humana.

Las diferencias que encontramos en los hombres hoy, no reflejan el carácter auténtico irrepetible y esencial de los individuos. El discurso moderno enarboló la bandera de la defensa del individuo, pero no hizo más que cosificarlo, aislarlo para utilizarlo como un peldaño de la razón puesta al servicio del poder que realizaría a la individualidad, y esto caracterizó al pensamiento filosófico durante estos dos últimos siglos, y lo sigue haciendo, de manera que tales diferencias son el resultado lógico del sentido de lo humano de una época que no afecta, que no llega que no toca la esencia, sino tan solo las existencias que padecen determinadas patologías y que requieren un tratamiento y es a lo más que pueden llegar. Su aspiración es darle tratamiento a las existencias ya enfermas, pero el mal ya sabemos que es de esencia, aunque nos sigan diciendo que no tienen razón de ser las ideologías.

Sólo es humano aquel que le imprime un sentido histórico a su vida. Sólo puede aspirar a una vida digna aquella sociedad cuyos miembros organizan libremente, es decir concientemente su historia sin la arrogancia de "apropiarse" también un día la eternidad. Es precisamente esto lo que no permite que los hombres veamos más allá de ese sentido de "propiedad " nacido con la vida social; o sea, que el hombre superó el sentido de pertenencia animal y en su lugar se apropio del contenido material de su vida sin darse cuenta que de esta manera, ha creado el monstruo que le arrebata también su espíritu, y su libertad. Estará obligado, entonces, a alimentar a dicho monstruo, bajo la tonta idea de que un día podrá quedar satisfecho, cuando en realidad cada día es más dependiente de él ; tanto es así, que hasta nuestras relaciones amistosas, y hasta sexuales están marcadas por un sentimiento que ha nacido enfermo, pues es condición insoslayable la "apropiación " de lo querido y lo amado, sin darnos cuenta de que así , estamos cruelmente limitando la realización nuestra y la del otro como humanos. El otro es, y yo soy, hasta donde me lo permite el artificio de la propiedad que se levanta, cada vez más hambrienta y enajenante sobre su propio creador.

El asunto parecería no tener una solución favorable si pensamos que inevitablemente todos los males que trae aparejado dicho monstruo son consustanciales con la propia especie de los humanos ; sin embargo , tiene un carácter histórico. La superación de la necesidad de apropiarse las cosas, los sentimientos, las relaciones ínter-subjetivas y macro sociales, tendrá que ser el resultado de la resolución de lo humano, la cual será el producto de la aprehensión del carácter enajenante del sentimiento de apropiación y del acto mismo de apropiación que ha nacido como consecuencia de la actividad humana alienada, enajenada y dentro de ella su núcleo vital el trabajo. Sólo así será posible la identificación del individuo y la especie, del individuo y la sociedad, del individuo y el universo. El carácter originario y esencial del hombre solo se nos muestra en porciones diminutas y atrofiadas, porque el hombre tiene que superar su propio sentido de lo original y de lo esencial; en definitiva el hombre tiene que inobjetablemente superarse a sí mismo. El es su propia creación, su dolor y su esperanza.


LITERATURA

  1. Bestuyev-Lada. I.V. Desarrollo de las representaciones sobre el futuro: primeros pasos. El presentismo del pensamiento primitivo. En Sovietkaia Etnografia N. 8, 1965. pag.123 ( en ruso)
  2. "El problema del futuro: Algunos aspectos de la previsión del futuro. 1990. (en ruso)
  3. Gadamer H.G "Verdad y Método" Ed. Año. Caracterizando la Hermenéutica de Heidegger dice que en él ".. el tiempo se revela como el horizonte del ser....El ser mismo es tiempo. ..el fundamento que hace posible toda comprensión del ser. pag 322
  4. Idem pág 632
  5. Martí J. O.C. T XXI Pág.,
  6. J. P. Sartre. " El Existencialismo es un Humanismo"
  7. Los Manuscritos Económicos y Filosóficos del 1844, Las tesis sobre Feuerbach, La Ideología Alemana, El Manifiesto Comunista, etc.
  8. Max Weber Obras escogidas en dos tomos Pág. 1057
  9. Freud S. El análisis profano. "La Psicología se había cerrado el acceso al sector del ello, manteniendo una hipótesis que un principio parece aceptable, pero que resulta insostenible. Es esta la hipótesis de que todos los actos anímicos son concientes, siendo la conciencia la característica de lo psíquico, y que si existen en nuestro cerebro procesos no concientes, no merecen el nombre de actos psíquicos ni interesan para nada a la psicología."
  10. Obra Citada.
  11. O.C T.21 pag 386.
  12. Fracis Fucuyama. Qué es el final de la Historia. Conferencia pronunciada en el Centro John M. Clin para la Investigación de la Práctica y la Teoría de la Democracia, de la Universidad de Chicago.
  13. Michel Foucault. Qué es el autor. Dice que cuando habla de Marx o Freud como " instauradores de discursividad, quiero decir que no sólo hicieron posible un cierto número de analogías, sino que hicieron posible también un cierto número de diferencias”. En el caso de Freud por ejemplo " hizo posibles un cierto número de diferencias respecto a sus conceptos, a sus hipótesis que dependen todas del propio discurso psicoanalítico”/33
  14. Obra Citada. "El final de la historia será un momento muy triste. La batalla por el reconocimiento, la disposición de arriesgar la vida por un propósito puramente abstracto, la lucha ideológica mundial que requirió del arrojo, el coraje, la imaginación y el idealismo, será sustituida por los cálculos económicos, la interminable solución de los problemas técnicos, las preocupaciones ambientales y la satisfacción de las demandas de los consumidores sofisticados. En el período posthistórico no habrá arte ni filosofía, simplemente el cuidado perpetuo del museo de la historia. "
  15. O.Menassa. El Oficio de Morir . Diario de un Psicoanalista.Editorial Grupo Cero. 198..
  16. Citado por Martha López. Filosofía, modernidad y posmodernidad. Biblios. 1996.
  17. Idem." La postmodernidad explicada a los niños. idem pag 69.
  18. Idem. pag.56
  19. Idem. pag 35
  20. Crimen y Castigo rev. del Neopolicial Iberoamericano. Invierno 1995. Año 1 No 1.
  21. Folha de Sao Paulo. 30/04/95.
  22. Idem.
  23. O.C.pag 1050.
  24. Iden.pag1056.



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