¿Creación o recreación?
Los inventos que han llegado hasta nosotros son simplemente producto de la observación de la naturaleza, necesidades humanas y de otros inventos, adaptados a nuevos entornos. De esta forma un molino de agua puede dar origen a una maquina de vapor, como sucedió en el caso de James Watt.
Observar, buscar similitudes y encontrar nuevos usos para artículos ya existentes ha sido siempre el eje de la inventiva humana. Es lo que hacia Edison al crear su fabrica de inventos. Es lo que hace IDEO lanzando los novedosos productos desde sus centros de diseño; es lo que ha venido haciendo el MediaLab del MIT y otros tantos centros que han adoptado el método que Edison invento hace más de cien años. Todos comparten la idea de que es necesario una metodología, y por supuesto una constante observación, así como encontrar nuevos usos lo ya existente.
¿No es este también el mismo proceso que acontece con la creación publicitaria? Es el constante ejercicio de la mente mediante la observación de otras piezas publicitarias, del comportamiento del consumidor ante el producto o servicio, del replanteamiento de situaciones y anuncios existentes para abordar de una forma novedosa las cosas. La creación en sus diversas formas necesita alimentarse de lo existente para dar origen a algo nuevo.
Más que una moda, una necesidad
Hace casi 100 años, Henry Ford desafió a un grupo de financieros de Wall Street, que asociados con un grupo de constructores, estaban decidiendo quién debía construir un coche con motor de combustión interna, a partir de una licencia que poseían sobre una máquina rudimentaria que no habría caminado muchos metros sin estropearse de haber sido construida. De haber ellos triunfado, hoy en día movilizarnos sobre cuatro ruedas sería un asunto reservado a privilegiados, como lo era hace un siglo.
La aparición de GNU, Copyleft, Creative Commons, Open Source y demás es una suma de iniciativas y entidades que claramente nos dicen que hay un interés real en la comunidad en que no llevemos hacia el limite los derechos sobre la creación, ya que con ello estamos limitando peligrosamente el mismo proceso creativo. Pero por otro lado también estamos limitando el acceso a la nueva fuente de riqueza, que es el conocimiento. Hay un derecho al reconocimiento y a obtener ingresos económicos a partir de nuestras creaciones, pero no podemos dejar que ese derecho llegue a impedir la creatividad humana, y por lo tanto la creación de más riqueza.
Los movimientos de derechos flexibles no son actividades de geeks, idealistas o universitarios que no conocen el mundo real. Son movimientos que tienen mucho sentido en un mundo en el que el código genético de seres vivos empieza a ser patentado, como ya son propiedad privada las semillas de soja y algodón transgénicos, o en el que nuestras posibilidades de escoger el software que queremos utilizar son limitadas; en definitiva, un mundo donde el acceso a la cultura viene siendo cercenado.
Pero estos movimientos necesitan adquirir legitimidad, y sólo la obtendrán en la medida en que la fuerza dominante del mercado, los consumidores, vayan adoptándolos. Pequeños éxitos, como los que viene adquiriendo el navegador Firefox de Mozilla o la suite de oficina OpenOffice, son fundamentales para indicar el camino a estos movimientos. El momento es decisivo.