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Un nuevo paso evolutivo
Perspectivas darwinianas de la Inteligencia Artificial

Mila Infante; Juan L. Lara
Periodistas
 
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La Inteligencia Artificial es un campo de investigación que trata de llevar al límite las capacidades cognitivas de las máquinas de manera que alcancen e incluso superen las de los hombres. En definitiva, lo que la Inteligencia Artificial (IA) intenta es simular en sistemas informáticos el repertorio de actividades cognitivas complejas que caracterizan a los seres humanos.


El pionero en el campo de la IA fue el matemático Norbert Wiener, científico norteamericano adscrito al Instituto Tecnológico de Massachussets y considerado padre de la cibernética. Wiener y su equipo, un grupo formado por físicos, fisiólogos, matemáticos y especialistas en electrónica, llegaron a través de sus estudios a la idea de que el análisis dinámico del comportamiento de las máquinas y de los organismos vivientes denotaba una analogía entre los objetos del mundo orgánico y del inorgánico. Las consecuencias de la publicación en 1948 de la obra de Wiener Cybernetics or control and comunication in the animal and machine fueron fundamentales. Los cibernéticos ampliaron su campo hasta límites insospechados. Temas como el aspecto psicológico de la percepción, la teoría cuántica de la memoria, los mecanismos del recuerdo, problemas de lingüística, las propiedades lógicas de las máquinas, la investigación de la transmisión de señales por los conductos nerviosos, los mecanismos de retroacción en biología etc. Un etcétera inacabable, pues el campo en el que se desarrolla la cibernética comprende la biología, fisiología, psicología, física, sociología, lingüística y otras ciencias. El desarrollo de esta ciencia de la dirección y comunicación en los organismos vivos y las máquinas permitió, sobre todo, la creación de una nueva clase de inteligencia.

Casi desde su inicio, en los años 50, este campo de investigación se escindió en dos paradigmas: el enfoque simbólico, también llamado IA clásica, y el enfoque subsimbólico, también llamado conexionista. Para la vertiente simbólica la mente es una máquina de procesamiento de información: a través de un exhaustivo y pormenorizado conjunto de reglas preprogramadas se espera que el sistema sea capaz de desenvolverse en el mundo real, dando importancia a los aspectos cognitivos como la lógica, la capacidad de procesamiento de información, etc. Los ejemplos más significativos son los Sistemas Expertos, como los programas de juegos de ajedrez. La corriente conexionista, por su parte, intenta imitar el sustrato emergente de la inteligencia: dejan que el sistema se desarrolle a través de su propia experiencia, haciendo hincapié en los aspectos más perceptivos del ser humano como el aprendizaje o las habilidades sensoriales. Los ejemplos más destacados son las Redes Neuronales Artificiales.

La lucha para crear máquinas inteligentes lleva ya muchos años entre dos líderes de la materia: el matemático Douglas Lenat, de la empresa Cyc, y el profesor Rodney Brooks, del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT). Conceptualmente sus propuestas representan dos caminos en extremo diferentes: Cyc es un acercamiento descendente (lo último en máquinas de sentido común preprogramadas) y Cog es un acercamiento ascendente (lo más avanzado en robots humanoides).

Cyc (de enCYClopedic) es un programa que cuenta con un enorme poder inferencial y que trabaja con una gran base de conocimientos. La esperanza de Lenat es que Cyc se convierta en lo que él llama "un artefacto inteligente general", una gigantesca base de conocimientos que pueda servir de plataforma para dotar a las futuras computadoras con una parte significativa del conocimiento general y de sentido común de un adulto. De esta forma, la máquina equipada con Cyc adquirirá nuevas habilidades como aprender a través del descubrimiento, definir los nuevos conocimientos en términos de los ya adquiridos, llegar a conclusiones lógicas cuando se le presentan situaciones nuevas e interaccionar con el ser humano. Todas estas capacidades le permitirá a la computadora del futuro tener conversaciones inteligentes con las personas, interpretar y llevar a cabo las órdenes impartidas por ellas.

Por otra parte, Cog (por COGnitivo) se trata de un ambicioso experimento inspirado en estructuras biológicas -en vez de lógicas-, que consiste en dejar que un robot humanoide descubra el complejo entorno en el que está inmerso por sí mismo en lugar de poblar su memoria con una detallada descripción del mundo desde la particular perspectiva humana. A través de sus sentidos artificiales de visión, audición y tacto (cámaras fotográficas, micrófonos y una membrana sintética sensible al contacto) absorbe información que alimenta su sentido común. La idea es dar a la máquina unos conceptos básicos, situarla en un entorno que pueda percibir y en el que pueda actuar y de esa manera, averiguar qué logra aprender por sí misma. Más adelante, una vez que conozca los objetos del mundo que le rodea, podrá aprender mediante interacciones con los seres humanos. La meta de Brooks es alcanzar una inteligencia humana más que una simple inteligencia. Para eso la máquina debe tener experiencias humanas y la capacidad de relacionarse con su entorno como lo hace un ser humano, es decir, percibiendo el mundo a través de los sentidos y desenvolviendo su conducta en un contexto social, en interacción con otras personas. Un segundo motivo para hacer a Cog de forma humanoide, es que las personas se relacionen e interactúen con él de forma natural, cómoda y amigable, de manera tal que les resulte más fácil entregarle la información que él requiere. Cog no funciona bajo un programa, sino que se reprograma según su experiencia.

La tendencia actual es la convergencia e integración de estos dos enfoques, complementándose y formando así sistemas híbridos con el objetivo de afrontar situaciones más reales. Los investigadores del campo de la Inteligencia Artificial consideran que a través de esta integración pueden conseguirse resultados muy interesantes. Según el profesor Hans Moravec, "la combinación creará un ser que en algunos aspectos se nos parezca, pero que en otros será algo que el mundo no habrá visto antes".

Los avances en Inteligencia Artificial suelen analizarse desde un punto de vista tecnológico o científico. De hecho, la mayoría de las fuentes que hemos utilizado para la elaboración de este estudio se centran en una serie de aspectos técnicos en los cuales no nos interesa profundizar. Lo que pretendemos a través de este trabajo es hacer un acercamiento antropológico y cultural a los problemas que los distintos avances en el campo de la Inteligencia Artificial puede acarrear en el ámbito comunicacional.

DESARROLLO

HIPÓTESIS Y ARGUMENTACIONES CIENTÍFICAS

En la actualidad encontramos dos posturas enfrentadas acerca de las posibles consecuencias del desarrollo de la Inteligencia Artificial:

- Una visión apocalíptica, que prevé la desaparición de la especie humana, reemplazada por replicantes.

- Una visión optimista, que considera que a través de la Inteligencia Artificial la sociedad verá cubiertas al máximo sus necesidades.

Sin embargo, una postura neutral afirma que la ingeniería electrónica provocará cambios, pero no acabará con la raza humana ni resolverá los problemas sociales.

Según describe Alejandro Piscitelli, profesor de la Universidad de Buenos Aires, en su libro Ciberculturas. En la era de las máquinas inteligentes, existen diversos caminos que conducirían a la emergencia de las superinteligencias (más que humanas):

- Hipótesis 1: construiremos computadoras dotadas de una inteligencia más que humana.

- Hipótesis 2: inmensas redes de computadoras y usuarios nos despertaremos como entidades inteligentes más que humanas.

- Hipótesis 3: la interfaz entre la computadora y los seres humanos se volverá tan íntima que los usuarios podremos considerarnos superinteligentes.

- Hipótesis 4: la neuroingeniería proveerá los medios para aumentar exponencialmente la inteligencia humana.

Para el desarrollo de nuestro trabajo nos vamos a centrar en la hipótesis 1 y 4, que nos parecen las más interesantes desde el punto de vista comunicacional en el ámbito de la Inteligencia Artificial. Desde estos dos puntos teóricos podemos ver un fuerte contraste: cuando las máquinas amenazan con hacerse perceptiblemente humanas, los seres humanos se hacen más mecánicos.

HIPÓTESIS 1: MÁQUINAS QUE SE HUMANIZAN

Como punto de partida exponemos las ideas que aparecen en el libro de Alvin y Heidi Toffler, Las guerras del futuro, una de las obras más interesantes que enlaza con la primera hipótesis y que habla de la importancia que están adquiriendo en la actualidad los denominados guerreros robóticos y sus formas de comunicación.

A medida que se multiplican los robots en fábricas y oficinas, avanza rápidamente la investigación civil sobre robótica. Desde chips que controlan las redes telefónicas de "autocuración" a edificios y autopistas "inteligentes", se está creando una base técnica para acelerar en el futuro la robotización de la economía. Esto a su vez desencadenará un alud de aplicaciones de potencial militar. En economías civiles donde resulta barata la mano de obra, el progreso de robotización es lento o inexistente. Pero cuando aumentan los costes del trabajo, la automatización en general y la robotización en particular se tornan competitivamente ventajosas. En buena parte esto se aplica también a las fuerzas armadas. Unos ejércitos de reclutas mal pagados reducen el incentivo para una renovación tecnológica. Por contraste, si en las fuerzas armadas predominan los profesionales mejor renumerados, los robots se convierten en una ganga bélica. Además es probable que la difusión por todo el mundo de armas químicas, biológicas y nucleares promueva la robotización cuando los campos de batalla sean demasiado tóxicos para unos soldados humanos. Puede haber guerreros robóticos especialmente concebidos para actuar en tales ambientes. Pero el factor más importante que favorece la robotización es quizás el cambio en la actitud del público respecto de los niveles "aceptables" de bajas.

Los fabricantes de robots se muestran complacidos por el nuevo respeto que despierta su trabajo. Les atraen también las perspectivas que les brindan los nuevos progresos en inteligencia artificial, realidad virtual, capacidad informática, presentación de datos y tecnologías anejas. Pero les preocupa la controversia sobre qué vendrá después. Lo que les inquieta no es cómo hacer más inteligentes las armas robóticas, sino hasta qué punto se permitirá que lo sean. Entre estos ingenieros se desarrolla un debate que suscita algunas de las cuestiones más serias con que se enfrenta la raza humana. Está en juego no simplemente la guerra o la paz, sino la posible subordinación de nuestra especie a unos robots exterminadores y superinteligentes, cada vez más conscientes de que lo son.

Después de ser durante largo tiempo patrimonio de las revistas y de películas de ciencia ficción, los robots que realmente piensan por sí mismos (o lo simulan) han sido tomados en serio por primera vez por los hombres y las mujeres que conciben las tecnologías bélicas de un futuro no muy lejano. Se ha planteado un conflicto ideológico entre los defensores de los robots controlados por seres humanos y quienes postulan unas armas "autónomas" con inteligencia suficiente para actuar por sí mismas.

La robótica controlada por seres humanos es sólo el primer paso, y aún incompleto, en el camino hacia los robots autónomos, mucho más avanzados y con creces más discutidos. Comparados con éstos, los robots de control remoto o teledirigidos son sólo semiinteligentes.

El paso final es el representado por las armas que, después de "nacer" o ser puestas en marcha, toman cada vez más decisiones propias. Éstas son las llamadas armas "autónomas".

El problema de las armas robóticas de control remoto estriba en su dependencia de comunicaciones vulnerables que unen a seres humanos con prolongaciones mecánicas de sí mismos, menos brillantes pero muy obedientes. Si la comunicación cesa, es estorbada o saboteada o, peor aún, manipulada por el enemigo, el robot se vuelve inútil o potencialmente autodestructivo. Si la capacidad de percibir los datos, interpretarlos y tomar las decisiones se halla dentro de la propia arma, los circuitos de comunicación son internos y resultan más seguros.

Otra característica de los robots autónomos es la velocidad. Son capaces de tomar decisiones con una rapidez muy superior a la humana, factor clave a medida que se acelera la actividad bélica. Si es preciso confiar en que los robots tomen autónomamente estas decisiones, más vale que sean superinteligentes, de ahí la búsqueda de robots que en realidad puedan aprender de su propia experiencia. Así, la Agencia del Proyecto de Investigación Avanzada para la Defensa comenzó hace una década a financiar las investigaciones sobre vehículos capaces de decidir por sí mismos. Su programa SHARC ha estudiado lo que se podría hacer con todo un grupo de vehículos robóticos que se comunicasen entre sí. Es incluso posible imaginar la aparición en estos robots de una especie de "conciencia" colectiva o de semitelepatía. Esto contribuye a explicar, al menos en parte, la resistencia con que se enfrentan los constructores de robots. Aquí hallamos de nuevo un paralelismo con la economía civil. Exactamente igual que el mundo empresarial, la robotización militar se cierne como una amenaza sobre intereses creados, es decir, hace peligrar los puestos de trabajo de las personas.

Pero no cabe despachar como una simple cuestión de intereses personales la resistencia a los robots y en especial a su autonomía. Los adversarios de los robots arguyen que las armas robóticas no son capaces de adaptarse a los cambios infinitos y súbitos que sobrevienen en el campo de batalla. ¿Resulta posible disponer en cada momento de un control humano auxiliar? ¿Cuál es la moral de unos robots exterminadores que quizá no logren distinguir entre un enemigo que constituye una amenaza y otro que trata desesperadamente de rendirse? ¿Son suficientemente inteligentes los programadores humanos para prever cada cambio posible en las circunstancias del campo de batalla? ¿Corremos el riesgo de que se desencadene un guerra al privar del control a los seres humanos? Si las personas pierden la cabeza, quizá haya tiempo de detenerlas o de limitar las consecuencias de sus decisiones. Tal vez no suceda de ese modo si dotamos a los sistemas de armas robóticas con una inteligencia sobrehumana y les conferimos el poder de tomar decisiones instantáneas, de aprender y de comunicarse entre sí.

Hasta los mejores diseñadores de robots pueden cometer y cometen errores. Ni siquiera el más selecto equipo de programadores llega a "pensar en todo". El peligro consiste en que no queden a prueba de fallos, en una incapacidad para hacer frente al error, la sorpresa y el azar. Este tipo de consideraciones lúgubres han inducido a notables científicos informáticos a oponerse de plano a la robotización militar. Pero la realidad no se presenta en blanco y negro de manera tajante. Hay casi un número infinito de mezclas posibles, sistemas que combinan la dirección remota con diversos grados de autonomía. Y son estos los que parecen ofrecer mayor probabilidad de proliferar a comienzos del siglo XXI. Tanto si nos hallamos preparados como si no lo estamos, los robots, al igual que los satélites y los misiles y la guerra de tecnología avanzada, tendrán un puesto en la naciente forma bélica de la civilización de la tercera ola.

Llevado a sus últimas consecuencias, el debate sobre las armas autónomas nos empuja más allá de todo límite, pero antes de que lleguen a existir hay que plantearse estas preguntas: ¿Cómo y en qué grado cabe aplicar la paz tanto como a la guerra toda la imaginación y la inteligencia humanas concentradas y consagradas a la robótica? ¿Es posible que ésta pueda contribuir a la antiguerra de la tercera ola en la misma medida que a la guerra de ese mismo tiempo?.

Otro aspecto que podemos comentar es la posibilidad de que las máquinas inteligentes se conviertan en nuestros ayudantes personales artificiales. Si el prototipo de máquina inteligente (cuyo mayor exponente es hoy la computadora algorítmica) logra finalmente transformarse en la formidable herramienta intelectual, será un valioso ayudante en el trabajo y una fuente de estímulo para la imaginación y la sensibilidad del hombre. En efecto, es previsible que, en un futuro, toda tarea que se pueda describir de forma clara y completa, y que el hombre puede hacer sólo con gran dificultad, será realizada por una máquina. De esta manera, al liberar a la inteligencia humana de millones de actividades que de verdad son rutinarias, tediosas y repetitivas, los sistemas inteligentes permitirán que las personas concentren su actividad en lo esencial de su trabajo y se consagren más a la reflexión, la innovación, la diversión, etc.

La inmortalidad potencial de las inteligencias más que humanas es otro dato esencial para tener en cuenta. Otro no menos significativo es la habilidad que tendrán de comunicarse en redes de gran ancho de banda, sobrepasando las velocidades de transmisión y procesamiento de la información propias de la escritura y la oralidad. Alejandro Piscitelli reflexiona sobre estos dos procesos (tendencia a la inmortalidad y multiplicación de los canales de contacto) y expone lo siguiente: "Hoy nos resulta imposible coordinar nuestro tiempo de producción e interpretación con el de la circulación y la transmisión de la información. Si todas las profesiones sufren estas presiones hay dos que están condenadas a la extinción, a menos que se autorreconfiguren: los periodistas y los profesores universitarios. Los agentes de software inteligentes tenderían a remediar tanto nuestra lentitud como la imposibilidad de lidiar con la profusión de datos".

Visto esto, podemos deducir que las formas de comunicación en las futuras máquinas inteligentes superarán las limitaciones espaciales y temporales que afectan a la comunicación humana. De esta manera se formaría en la relación entre máquinas un esquema comunicacional con múltiples variables, en forma de red, de modo que mensajes de gran carga informativa podrían circular sin problemas entre diversos puntos distantes.

HIPÓTESIS 4: HOMBRES QUE SE MAQUINIZAN

Debemos considerar en primer lugar cómo la evolución darwiniana nos convirtió en lo que somos. La idea de que la tecnología proveerá al hombre de medios para aumentar exponencialmente su inteligencia parte de la base de que la evolución darwiniana no ha terminado. La nanotecnología permitirá, en un periodo de tiempo más o menos breve, continuar con la evolución de la especie humana pero a un ritmo infinitamente superior. Como explica Piscitelli, "la tecnología continúa a la biología por otros medios, y la perfecciona pero sin romper definitivamente con ella jamás". El hombre siempre se ha considerado a sí mismo como el último eslabón de la cadena evolutiva, pero esta evolución aún no ha terminado.

El profesor Marvin Minsky, del Instituto Tecnológico de Massachussets, defiende la idea de que la tecnología permitirá solucionar todos los problemas que hacen de la vida humana algo limitado. Por un lado, superaremos el desgaste biológico sustituyendo cada órgano que amenaza con fallar por un sustituto biológico o artificial. En cuanto a las limitaciones del conocimiento, Minsky afirma: "Cada cerebro tiene cientos de áreas especializadas. Sólo conocemos un poco de lo que hace cada una, pero en el momento en que descubramos cómo funciona alguna de sus partes, los investigadores tratarán de desarrollar métodos para ampliar la capacidad de esos órganos". Otra limitación humana se encuentra en la memoria. Para Minsky, algún día será factible construir un espacio de almacenamiento muy pequeño a través de la nanotecnología.

Según asegura este investigador, "al final encontraremos formas de sustituir cada parte del cuerpo y del cerebro y así reparar todos los defectos y limitaciones que hacen nuestras vidas tan breves". Este es, para muchos autores, el camino más fácil para llegar a desarrollar una Inteligencia Artificial. Es más probable que esta surja de una mutación de la inteligencia humana y de sus hibridaciones con las máquinas que desde un desarrollo que parta de cero.

A través de esta serie de mutaciones y de cambios en la especie humana, que supondrían la sustitución de órganos naturales por otros artificiales, y la creación de otros órganos totalmente nuevos, surgirá la figura del cyborg, un ser mitad hombre mitad máquina en el que la ciencia-ficción ha puesto mucha atención. Es un organismo cibernético, que aparece donde el límite entre humanos y máquinas es transgredido y que supondrá, según muchos, un nuevo paso en la evolución darwiniana.

La palabra cyborg, que procede de la expresión CYBernetic ORGanism, fue acuñada alrededor de 1960 para hacer referencia a los hombres amplificados mecánicamente. Hace más de cuarenta años, como vemos, ya se concebían ideas como las manos artificiales cuyos movimientos se pueden controlar mediante impulsos nerviosos amplificados.

Minsky plantea que el advenimiento de la alta tecnología dotará al ser humano -ya cyborg- de una serie de cualidades y capacidades hasta el momento desconocidas. Aunque Minsky no profundiza en absoluto a la hora de describir estas cualidades, una de ellas sería sin lugar a dudas la manera de comunicarse con otros cyborgs y con las mismas máquinas.

Un ejemplo de esto lo encontramos en el proyecto del profesor Kevin Warwick, jefe del departamento de Cibernética de la Universidad de Reading, en el Reino Unido. En 1998 Warwick llevó a cabo su proyecto Cyborg, a través del cual el investigador británico se implantó en el brazo un chip que envía señales a su ordenador. De esta forma Warwick está comunicado a la red informática de la Universidad de Reading, pero no a través de cables sino de emisiones de radio. Los ordenadores lo reconocen, lo saludan por su nombre y abren automáticamente los archivos que él ha programado. Esta puede ser una de las nuevas capacidades comunicativas que el cyborg pueda tener en su relación con las máquinas.

Sin embargo, aún más interesante nos resulta el proyecto Cyborg 2.0., que Warwick ha puesto en marcha en el mes de abril de 2002. En esta ocasión un implante irá conectado a las fibras nerviosas de Warwick y otro al de su esposa. Según asegura el propio investigador británico, la intención es intercambiar señales emocionales, como por ejemplo la tristeza, a través de un sistema informático.

Warwick, que se considera a sí mismo como el primer cyborg, asegura que esta nueva tecnología cambiará nuestra actual forma de comunicación. "En el presente nuestra forma de comunicación, el habla, es muy lenta, serial y propensa al error. El potencial de la comunicación únicamente a través de señales de pensamiento es muy excitante. Probablemente tendremos que aprender a comunicarnos bien de esta forma, en particular cómo enviar ideas de unos a otros", afirma Warwick.

No sabemos si realmente las experiencias de este profesor británico son el camino que nos conducirán al siguiente paso en la evolución de la especie humana, pero lo que sí está claro es que se abre ante nosotros una época de cambios en los esquemas comunicativos.

Básicamente podemos identificar tres formas de comunicación en esta hipótesis evolutiva:

- La comunicación interpersonal. Con la implantación de chips comunicativos en el sistema nervioso el modo de comunicación entre los individuos se abre de una forma insospechada, rompiéndose los límites espaciales y, sobre todo, idiomáticos, ya que se supone que se transmitirán de forma directa sensaciones, y que los signos que se utilicen para su transmisión por ondas serán universales.

- La comunicación hombre/máquina. Como hemos visto en el caso del primer experimento de Warwick, las computadores podrán reconocer a sus usuarios. Éstos, por su parte, podrán dar órdenes a los ordenadores sin necesidad de un teclado, simplemente a través del pensamiento.

- La comunicación máquina/hombre. En este caso no queda muy claro lo que podría suceder. Una visión apocalíptica nos lleva a pensar que las máquinas podrían dominar a los hombres precisamente a través de los chips, con los que podrían transmitir órdenes e implantar determinadas ideas en los individuos. Por otra parte, una visión más optimista nos asegura que los hombres podrían utilizar el conocimiento contenido en inmensas bases de datos ya que estarían conectados a ellas de forma continua. Esto supondría un aumento de las capacidades y de la inteligencia humana.

Además de estos cambios, algunos autores hablan de la creación de facultades totalmente nuevas en el cyborg, ya que la tecnología puede crear nuevos órganos que hoy día nos cuesta trabajo ni siquiera imaginar. Este futuro, obviamente, no puede ser alcanzado a través de la biología, pero sí de la tecnología.

¿Quiere esto decir que los robots sustituirán a los hombres como seres dominadores del mundo? En cierto modo sí, pero no podemos considerar esta posibilidad en términos de una "rebelión de las máquinas". Según la teoría de la implantación de órganos artificiales el ser humano se irá mejorando poco a poco a sí mismo a través de la tecnología, hasta un punto en que su propia identidad humana quedará en entredicho. Por lo tanto, no supondrá una ruptura sangrienta como ha supuesto la ciencia ficción, sino que las futuras máquinas inteligentes serán los descendientes de nuestra mente.

EL SIGUIENTE ESCALÓN EVOLUTIVO

Aunque es imposible predecir con exactitud cuáles serán los resultados, las posibilidades de las máquinas inteligentes son fascinantes y, al mismo tiempo, perturbadoras. Tal vez el hombre se encuentre en una temprana fase de su desarrollo intelectual, quizás su forma de razonar sea fundamentalmente restringida e incompleta, y quizás, también por eso, vea la necesidad de construir una máquina ultra-racional. Pero, si como preconizan algunos, no hay límite a la curva ascendente de la inteligencia de silicio, el ser humano puede llegar a crear un nuevo tipo de inteligencia, nunca antes visto sobre el planeta. Tal vez el hombre comparta su mundo con una inteligencia que rivalice con la suya. Ante esto, nos planteamos la siguiente pregunta: ¿Podría ser aplicable la teoría de la evolución a los objetos mecánicos?

Para George Dyson, "en el juego de la vida y la evolución hay tres jugadores en la mesa: los seres humanos, la naturaleza y las máquinas. Yo estoy al lado de la naturaleza. Pero la naturaleza, sospecho, está del lado de las máquinas". En la misma línea, pero más contundente, Hans Moravec, del Instituto de Robótica de la Universidad Carnegie Mellon, nos advierte: "El mundo postbiológico será un mundo en el que el género humano habrá sido arrastrado por la marea del cambio cultural, usurpado por su propia progenie artificial. Cuando esto suceda, nuestro ADN se encontrará fuera de lugar, pues habrá perdido la carrera evolutiva ante un nuevo tipo de competencia". Opinión que parece querer responder a la pregunta planteada por el célebre escritor Arthur C. Clark: "¿Estamos probando la siguiente especie de vida inteligente sobre la tierra?".

Desde la perspectiva de la evolución darwiniana, la flexibilidad y adaptabilidad de las máquinas podría considerarse como un éxito notable para una especie. Se ha diversificado en millones de formas y tamaños, dominado varios nichos antes ocupados exclusivamente por los seres humanos. La especie máquina ha conseguido mantener a la especie humana en un estado de elevada y peligrosa dependencia, condicionando la totalidad de su existencia. Y en este proceso no parece detenerse, todo lo contrario, se realimenta. A medida que las máquinas invariablemente se perfeccionen es lógico que el control humano decrezca y los sistemas informáticos adquieran un creciente autocontrol. ¿ Qué sucederá ese día en que hipotéticamente la máquina se libere y escape de todo control humano? Daniel Crevier, experto en I.A., escribe: "Mientras las máquinas sean menos inteligentes que las personas, no será difícil seguir controlándolas. Pero cuando nos sobrepasen, resultará imposible contenerlas. La evolución de la vida sobre la Tierra no es sino el relato, que dura ya 4.000 millones de años, de la superación de los padres por los hijos". "El gran miedo no es que la máquina nos dañe, sino que nos suplante. No es que nos deje incapacitados, sino que nos deje obsoletos", dice el conocido científico, divulgador y escritor Isaac Asimov. Hans Moravec lo ve así: "Dedicados durante millones de años en una carrera armamentística sin descanso, nuestros genes finalmente han conseguido un arma tan poderosa que acabará tanto con los ganadores como con los perdedores... Lo que nos espera no es el olvido sino un futuro que podríamos describir como postbiológico. Un mundo en el que la raza humana habrá sido barrida por su propia progenie artificial".

Hasta ahora las computadoras han sido diseñadas por mentes humanas y, en consecuencia, conformadas según conceptos y valores humanos. ¿Qué pasará cuando estas máquinas diseñen totalmente a sus sucesoras más complejas, más avanzadas, con mayores capacidades? Atsuo Takanishi, del Laboratorio de Investigación de Humanoides de la Universidad de Tokio, asegura que en 30 años tendremos humanoides muy útiles. Y Hans Moravec asegura que los robots comenzarán a evolucionar paso a paso, como sucedió con los humanos, pero millones de veces más rápido. Si ello no es fácil de percibir quizás se deba a que el desarrollo de la inteligencia de los seres humanos y los ordenadores ha seguido, simplemente, un camino diferente. El científico Edward Fredkin, del prestigioso MIT, afirma: "Es bastante complicado imaginar cómo podremos tener máquinas que son millones de veces más inteligentes que la persona más inteligente y que, sin embargo, sigan siendo nuestras esclavas, para hacer lo que nosotros queramos". Hans Moravec, con respecto a este punto, comenta: "Las máquinas inteligentes, por muy benevolentes que sean, amenazan nuestra existencia porque son habitantes alternativos de nuestro nicho ecológico y porque tendrán enormes ventajas en situaciones competitivas". Y agrega convencido: "La capacidad de manipulación de información en las computadoras ha crecido cerca de 10 millones de veces más rápido que lo hizo el ser humano durante su evolución".

¿Es la inteligencia artificial el siguiente escalón evolutivo? Alejandro Piscitelli contesta de la siguiente manera: "El advenimiento de las inteligencias más que humanas será súbito, inesperado y cataclísmico. Como si todos los objetos que nos rodean se despertaran de un momento a otro y empezaran a dialogar con nosotros y entre sí. Un día o un mes después el mundo será distinto de cómo lo fue antes y después de la emergencia de la humanidad. En ese punto ingresaremos en la era posthumana. Pero ése no será un momento para ponernos contentos, profesemos o no el optimismo tecnológico. Porque con la posthumanidad habrá llegado (¿demasiado tardíamente?) el momento de realmente empezar a preocuparnos por la continuidad de la especie humana".



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