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La gran metáfora
Una particular aproximación a la complejidad de los sistemas

José Luis Domínguez
 
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El texto trata de ofrecer una visión original de la evolución de los sistemas complejos a través de un curioso método taxonómico.


Los que somos, por afición o circunstancias profesionales, asiduos a la ciencias físicas nos encontramos contínuamente con dos grandes interrogantes aparentemente inconexos entre sí pero que tienen un enorme peso en la lectura e interpretación de nuestro entorno.

Por un lado tenemos las dichosas constantes que aparecen insistentemente en muchas operaciones matemáticas y a las que nos vemos obligados a invitarlas a que participen en nuestra interpretación del Cosmos por el simple hecho de que van ligadas sine qua non a ciertas formulaciones físicas y/o químicas sin que, ni siquiera, hayamos podido (o sabido) ubicarlas en puntos exactos de esa imaginaria recta numérica creada por nuestro intelecto.

Esta curiosa situación matemática obliga a usar las constantes como un enigmático elemento inevitable que, en todo caso, hace entrever cierta incapacidad humana por justificar el por qué de esos valores irracionales y no otros.

Y, por otro lado, nos encontramos con un seductor frente de trabajo intelectual como es el intento de clasificación y reubicación de los sistemas complejos dentro de un modelo de Universo cada vez más intuitivamente apreciado como reiterativo y simple en sus formas básicas.

Inicialmente este estudio surge ante la necesidad de responder a ambas inquietudes una vez que comprobamos una curiosa coincidencia: la mayoría de las constantes físicas fundamentales "giran" en torno a cuatro puntos muy concretos de una imaginaria recta con extremos 0 y 1.

Nombre Símbolo Valor Fracción aprox.

Constante de Boltzmann k=R/N 0,1380662 (1/3)/2

Carga eléctrica elementale 0,16021892 (1/3)/2

Número áureo 0,161803398875 (1/3)/2

Unidad de masa atómica u 0,16605655 (1/3)/2

Masa protón en reposo mp 0,167264485 (1/3)/2

Masa neutrón en reposo mn 0,167449543 (1/3)/2

Volumen molar de un gas vo 0,2241383 (1/3)

Velocidad de la luz (vacío)c 0,299792458 (1/3)

Número pi 0,314159265358 (1/3)

Constante de Avogadro N 0,6022045 (1/3)*2

Constante de Planck h 0,6626176 (1/3)*2

Constante gravitatoria G 0,66720 (1/3)*2

Const. de los gases ideales 0,831441 (1/3)*3

Masa electrón en reposo me 0,9109534 (1/3)*3

Constante de Faraday F=Ne 0,9648455 (1/3)*3

Podríamos presuponer que estos cuatro puntos (0,16; 0,3; 0,6 y 0,9) tienen alguna importancia cierta para la construcción de sistemas complejos en la medida en que son un "referente" hacia donde confluyen magnitudes vinculadas a determinadas formas materiales y/o energéticas presentes en el Cosmos.

De hecho, podríamos añadirle algo más de sana intriga si relativizásemos los valores de las distancias existentes entre los planetas del Sistema Solar y la propia estrella que los cobija.

Si distancia Tierra-Sol = 1 (1 U.A.) , entonces

Mercurio = 0,387

Venus = 0,723

Tierra = 1

Marte = 1,6 ( o bien, 0,16 relativo)

Asteroides = 2,8 (0,28)

Saturno = 10 (1)

Todos estos valores podríamos insertarlos cómodamente en la recta mencionada obligándonos ya a plantearnos la posibilidad (intuitiva, de momento) de que pueda existir alguna relación entre toda esta amalgama de datos, no relacionados aparentemente entre sí, y la constitución y estructuración formal de los diversos sistemas complejos que subyacen a estos números.

O transformando estas inquietudes intelectuales en pregunta: ¿podríamos llegar a deducir alguna formulación teórica que nos permitiera responder a esta "sucesión de casualidades"?

Para ello vamos a partir inicialmente de suposiciones.

Supongamos que estas casualidades responden a algún tipo de tendencia natural de los sistemas complejos a ubicarse en estos puntos (los sistemas, al fin y al cabo, son los que generan estas constantes).

Y supongamos que estos puntos "irracionales" son la consecuencia final de todo un recorrido de ajuste espaciotemporal en su medioambiente.

Véamos entonces si los sistemas ya formados y estables cumplen con algún requisito común a todos ellos.

Tomemos inicialmente, por ejemplo, la estructura interna de un átomo cualquiera entendiendo que éste, en su unidad, conforma un sistema complejo:

Si tomamos el Carbono observamos que se compone de un potente núcleo (con seis protones y seis neutrones de masa aproximada 1,67 * 10-27 kg. cada uno, según hemos visto en el recuadro anterior) y de una nube de electrones merodeando a su alrededor (otros seis con una masa individual de 9,1 * 10-31 kg.).

Dándole a su masa total (Fa = 2,00 * 10-26 kg.) el valor de 1, tendremos que el valor relativo de sus seis electrones (Fe = 5,46 * 10-30 kg.) con respecto a ella es de 0,00027 (0,0003 por aproximación).

Dado que todos los compuestos de la Tabla Periódica de Elementos (a excepción del Hidrógeno) cuentan con la misma proporción de electrones y protones/neutrones en su interior, podemos concluir que todo átomo cumplie el siguiente principio distributivo:

Masa total del átomo (Fa) = Masa electrones (Fe) * 3.333,33

siendo 3.333,33 (o bien, 10.000 / 3) un valor constante aproximado implícito en la constitución de los sistemas atómicos y que "separa" los dos elementos destacados de éste (pasamos a denominarle Et).

Pero dejemos, por ahora, a los átomos, demos un salto a nuestro Sistema Solar y realicemos el mismo proceso de relativización de valores:

Si a la masa del Sol más la de todos sus planetas (Fa = 1,97 * 1031 kg.) se le asigna el valor de 1, tan sólo Marte (Fe = 6,45 * 1024 kg.) y la Tierra (Fe = 5,9 * 1025 kg.) poseen una relación proporcionada similar a la atómica.

Marte = 0,000000327 (0,0000003 p.aprox.)

Tierra = 0,00000303 (0,000003 p.aprox.)

Con lo que la fórmula genérica para este conglomerado molecular que es el Sistema Solar con respecto a la Tierra quedaría en:

Masa total Sistema Solar (Fa) = Masa Tierra (Fe) * 333.333,33 (Et)

siendo Et = 1.000.000 / 3

Ambas estructuras complejas (atómica y molecular) son estables en su medio ambiente y cuentan con un modelo de formulación matemática común, constatándose la existencia cierta de tres elementos vitales mínimos, al parecer, para el desarrollo complejo (Fa, Fe y Et).

Pero, ¿sería posible "retroceder" aún más y volver a observar este modelo de formulación teórica en sistemas más simples?

Afortunadamente, mientras que para estos dos casos hemos tenido que usar valores reales y relativizarlos, no es necesario efectuar este proceso en las relaciones entre masa, energía y velocidad de la luz (la hipotética primera "división" cósmica) puesto que los científicos manejan, en este terreno, fórmulas de proporción fraccionaria muy similares a las creadas anteriormente.

El propio Albert Einstein, cuando desarrollo su famosa ecuación

Eo = m / * 1-q2 o bien, m = Eo ( * 1-q2 )

siendo q el valor de la velocidad de la luz comprendido entre 0 (reposo) y 1 (velocidad máxima: 3,00 * 105 km / seg. ).

estaba fijando una relación causal entre los dos extremos de esta primera dualidad compleja con la intervención de un tercer elemento en discordia, de carácter constante, denominada "velocidad de la luz" (cada extremo es lo que no es el otro aunque cuente con génesis comunes algo que, por extensión, podríamos aplicar a las relaciones duales núcleo/electrón y Sol/Tierra).

Einstein en sus escritos llegó a afirmar que "masa y energía son esencialmente análogas pues sólo son expresiones diferentes del mismo ente".

Realizando ahora un cómodo procedimiento de equivalencia entre los elementos propuestos en este estudio y los de la fórmula de Einstein, tendremos que:

m = Fa

Eo = Fe

* 1-q2 = Et (necesariamente Et = 1/3)

Una vez más observamos una estrecha interrelación entre tres elementos básicos, al parecer necesarios para dotar de homogeneidad a los sistemas complejos surgidos en cada plano de desarrollo universal.

Todo ello nos lleva a concluir la existencia cierta de una fórmula subyacente común a cualquier sistema:

Fa = Fe * (10n /3)

Donde Fa, como sabemos, representa la unidad del sistema (valor referencial de 1) y Fe (3/10n ), el elemento interno compensador, siendo Et (10n /3) una constante inherente a toda división simple.

Pero antes de plantear la posibilidad de encontrar esta fórmula en sistemas complejos superiores (como el biológico, psíquico o social) vamos a realizar una lectura del interior del átomo usando este nuevo lenguaje interpretativo.

Las formas "útiles" para el incremento complejo en el interior de un neutrón son los quarks up y down, constando de 1 up y de 2 down (al contrario en el protón).

Así, la masa total (Fa) del neutrón queda en 1,67 * 10-26 kg. y, de los quarks por separado,

ambos quarks down = 1,12 * 10-26 kg.

y, el quark up = 5,56 * 10-27 kg.

Si a la masa total del neutrón le asignamos el valor relativo de Fa = 1, entonces su quark up quedará en

q up (Fe) = 0,33 (0,3 p. aprox.)

siendo Et = 10 / 3

Este plano se configura en torno a:

Mn = Mqup * (101 / 3)

Por lo tanto, en el interior de cualquier núcleo atómico estable (sujeto a un simple modelo de complejidad) también se puede trabajar cómodamente con la fórmula vista anteriormente.

Esta fórmula subyacente únicamente la vamos a encontrar en aquellos sistemas de nuestro Universo perfectamente ajustados con su entorno y susceptibles de provocar nuevos saltos cualitativos en la evolución compleja; y no en aquellos que, por "inmadurez", aún no hayan logrado alcanzar ese formulado ajuste ideal propuesto de forma insistente desde el surgimiento de la primera división cósmica (en el Big Bang).

Esta nueva lectura del Cosmos se nos muestra cansinamente repetitiva en todas sus etapas. Todos los modelos formales de los sistemas son reiterativos en su comportamiento y probablemente estemos hablando, por analogía, de la conocida geometría fractal de Mandelbrot donde a un determinado número complejo base (C = Z2 + C) se le aplica un proceso iterativo ad infinitum.

Usando términos informáticos podríamos afirmar que la formación compleja es un bucle donde una secuencia de instrucciones muy simple se ejecuta "repetitivamente hasta que se satisface un criterio o se consigue un resultado determinado con anterioridad".

Con todo lo expuesto anteriormente podemos llegar a las siguientes conclusiones:

-Primero. Todas las estructuras atómicas incluidas en la Tabla Periódica de Elementos y sus subpartículas respetan la fórmula incrementadora de la complejidad a excepción del Hidrógeno (¿?).

-Segundo. El Sistema Solar, como conglomerado molecular, tiene una distribución de sus planetas "predeterminado" en la fórmula base y se ajusta mucho a los sencillos cálculos realizados en la ley de Titius-Bode (introduciendo una secuencia numérica, del dos al ocho, en los planetas se obtiene una muy aproximada distancia media de éstos al Sol).

-Tercero. La fórmula de Einstein, que estructura las interrelaciones entre Fa, Fe y Et en el plano inicial, no es más que una situación "local" de un fenómeno que alcanza a todos los planos y que delimita como se verá más adelante, incluso, las estructuras freudianas de relación edípica correctamente concluidas (las no ideales, aunque existen, no logran el ajuste complejo de ese plano).

-Cuarto. La fórmula hallada responde a un modelo óptimo de ajuste con el entorno que permite al sistema favorecer la sucesión de la complejidad. La fórmula concluye todo un proceso estocástico de ajuste con el medio.

-Quinto. Existe una apertura mínima inicial (1 = 3/1 * 1/3) que establece el criterio dual de interrelación entre extremos y que condiciona todas las estructuras futuras (macho/hembra, negativo/positivo, ying/yang...). Nunca se puede producir una situación Fa = Fe ya que ello supone la desaparición real del "equilibrio dinámico" en un Universo entriópico per se.

-Sexto. La fórmula establece una relación de proporciones basada en las masas y que permite estabilizar un sistema dentro de su medioambiente. Las fuerzas que provocan los Fa's respectivos condicionan las distancias con sus Fe's, genera las "normas" existentes en su entorno (gravedad, electromagnetismo...) y supedita los futuros sistemas más complejos a éstas.

Evidentemente, en el Universo existen puntos muy concretos donde la progresiva iteración de la fórmula base permite continuar con la dinámica compleja hasta lograr llegar a los sistemas sociales existentes sobre nuestro planeta (desconocemos si existen modelos más avanzados en otros extremos de esta universal geometría fractal).

En la Tierra, donde las condiciones son obviamente "propicias", se han ido produciendo toda una retahíla de alternativas biológicas aleatorias creando un auténtico marasmo de especies animales y vegetales que luchan por mantener su hegemonía.

Sin embargo, de todas las posibles ramificaciones, parece ser que las más capacitadas para mantener el orden formulado han sido, curiosamente, aquellas formas que han respetado las estructuras Fa/Fe (hembra/macho).

De esta forma, uno de los extremos duales del sistema animal se ha encargado de asumir todas las funciones "atractivas" y/o de posesión (Fa), mientras que el otro incorpora en su estructura de comportamiento el papel "expulsor"(Fe).

Las células reproductoas sexuales de las especies superiores escapan, así, al proceso de mitosis de las células más simples a través de una especialización denominada meiosis, donde no hay desdoblamiento longitudinal de los cromosomas sino que el futuro sistema (cigoto) se establece gracias a la aportación, al cincuenta por ciento, de los cromosomas necesarios. 23 pares contienen información procedente del Fa del plano y otros 23 del Fe.

Ambos extremos de comportamiento biológico poseen sus propias necesidades de comunicación entre ellos (son carentes de aquello otro que precisamente tiene su oponente) lo que garantiza su estrecha interdependencia para subsistir.

Aquellos sistemas biológicos perfectamente integrados con su entorno canalizaron su posterior evolución hacia otras formas de relación surgiendo, en algún momento y de forma aleatoria, un sistema nervioso central muy desarrollado con capacidad para abstraer e incorporar de forma esquemática su entorno, con lo que se facilitaba la manipulación de "lo otro" basado en lo que la especie humana ha denominado racionalidad o intelecto, que no es otra cosa que un nuevo intento por imitar formas de relación entre sistemas ya existentes para satisfacer necesidades carenciales (base de la sociabilidad).

Este desarrollo cerebral tuvo que volver a respetar los métodos complejos bigbangnianos estableciendo una dualidad de comportamiento que quedó vinculado, muy estrechamente, a las figuras de hembra y macho de su plano complejo predecesor.

En psicología clínica es evidente el papel destinado a la mujer/hembra en la dualidad sexual: es la biológicamente "encargada" de ofrecer y mantener el modelo existente, mientras que aparece un elemento compensador en las estructuras psíquicas masculinas (hombre/macho) encargada de establecer una conexión realista con el entorno (la "castración de la realidad", según Freud).

En la actualidad nos encontramos, además, con otro frente de trabajo complejo (el social) donde no es posible, ni siquiera, plantear la posibilidad de una cercanía el ideal de la fórmula base.

Este último plano complejo conocido se encuentra aún sujeto a fuertes aleatoriedades y tensiones internas (duras pugnas entre un capitalismo liberal y ciertas reivindicaciones sociales, fenómenos religiosos carentes de base científica, etc.) cuyo objetivo no es otro que provocar provisionalmente fuertes luchas y estados de comportamiento enfrentados para ir perfilando una línea de evolución dialéctica que derive hacia formas más estables.

Sin embargo, se puede atisbar las dos "tendencias" naturales: un potente Fa represor y de corte conservador encargado de salvaguardar al stablishment de molestas progresías; y un Fe, limitado pero activo, con una misión natural de poner en entredicho al sistema y sus normas de conducta.

Finalizamos este breve recorrido por el Cosmos reconociendo que la línea de trabajo propuesta en él se encuentra totalmente incompleta y, cómo no, sujeta a múltiples matizaciones. Sin embargo, su simplicidad global es tal (no han hecho falta más que unas cuantas nuevas definiciones y unos casi sonrojantes cálculos matemáticos) que difícilmente podríamos asociar fenómenos y corrientes científicas tan dispares proponiendo otro modelo más coherente de relación interdisciplinar del que figura en el cuadro de la página siguiente:

Para Fa = 1

Sistema Fa Fe Et Fuerza

Primera división teórica Unidad3/100(3) 100 / 3(0,333333333)Primer volumen dimensional 1Universo *

(3,141592653) (4 * r3 ) / 3

(0,3183098862)

Big Bang Masa

Energía * 1-q2

Partículas subatómicas Masa neutrón

Masa quark up

(0,33) 101 / 3

(3,03) Gluón

(fuerza fuerte)

Átomos

(T. Periódica) Masa carbono * Masa e.

(0,00027) 104 / 3

(3703,703703) Fotón

(f.electromagn.)

Sistema Solar Masa total Masa Tierra

(0,00000303) 106 / 3

(330033,0033) Gravitón

(f.gravitacional)

Sist. biológicos

Hembra

(óvulo) Macho

(espermatozoo)

Orgasmo

(f.sexual)

Sist. psíquicos

Femenino

(pr. placer) Masculino

(pr. realidad)

Amor

(f.afectiva)

Sist. sociales

Conservadurism.

(normas y leyes) Progresismo

(crítica)

Democracia

(f.conveniencia)

Resumen extraído del libro/ensayo "La gran metáfora. Una particular aproximación a la complejidad de los sistemas" (José L. Domínguez, 1994)



© Copyright 1998 José Luis Domínguez.
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