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Acerca de la individualidad de la realidad absoluta

David Elias R.
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Realidad: 1. f. Existencia real y efectiva de algo. 2. f. Verdad, lo que ocurre verdaderamente. 3. f. Lo que es efectivo o tiene valor práctico, en contraposición con lo fantástico e ilusorio (Fuente: Real Academia Española)

Semánticamente, al hablar de "realidad" es común la asociación de conceptos como "verdad" (segunda acepción que propone la R.A.E.); "existencia" (primera significación) e incluso "certeza". Analizando las tres definiciones propuestas, encontramos en la última un menor contenido aparente o, podríamos decir, un significado que a primera instancia pudiese parecernos menos tangible pero no por ello debería ser precedida por las otras dos. Lo que comúnmente denominamos realidad, es de hecho una aproximación práctica al entorno a través de nuestros sentidos. Nuestras percepciones y experiencias van conformando poco a poco una realidad que nos resulta útil.

A primera instancia, no parece muy cabal considerar la posibilidad de que si saltásemos al vacío nos mantendríamos suspendidos en un "éter" que la física ha demostrado inexistente. Nuestra experiencia, que no es otra cosa que la acumulación de percepciones a través de nuestros sentidos (siendo posteriormente analizadas y racionalizando a posteriori una serie de conclusiones ) nos indica que seríamos atraídos hacia el suelo por una fuerza casi mística. Este hecho tan obvio para cualquier adulto no lo es tanto para un niño, que en ausencia de experiencias pasadas debe construir y desarrollar su realidad individual.

El método científico basado en la observación de esa "realidad absoluta", en la experimentación con carácter repetitivo, en la formulación de unas leyes matemáticas y en el contraste de resultados, continúa el avance en búsqueda de esa eterna verdad. Esa ley universal, o conjunto de leyes parciales, que nos describa todo lo que es sujeto de ser percibido. No debemos olvidar que cualquier formulación matemática sobre cualquier tipo de fenomenología procede, así mismo, de nuestra interpretación de lo observado. Cualquier ley física no es otra cosa que la compilación en un lenguaje con significación humana de percepciones previamente obtenidas y como tales siempre sujetas a la subjetividad que imprimen nuestros sentidos, las fuentes por las que accedemos a esa hipotética realidad absoluta.

Independientemente de un modelo determinista o de una concepción caótica, Einstein fue el primero en mostrarnos que la cosmovisión newtoniana, a pesar de resultarnos tremendamente útil, estaba lejos de aproximarse a una realidad general como en un principio parecía indicar. Aunque relatividad específica, y mucho menos aún relatividad general, no resulten tan evidentes en el día a día del común de los mortales , no por ello dejan de ser un gran paso en la abstracción de la que el hombre parece ser capaz.

En el mito de la caverna de Platón las percepciones de unas sombras en una cueva son los únicos estímulos que se poseen sobre una realidad exterior que proyecta dichas sombras en el interior de la cueva. Al percibir dichos estímulos nuestros sentidos parecen indicar que las sombras son la realidad en si misma. Acorde a las corrientes racionalistas, el ser humano es capaz de procesar la información sensorial obtenida y llegar a conclusiones en las que es capaz de deducir o al menos intuir que dichas sombras no son absolutas en si mismas si no que proceden del exterior de la caverna, independientemente de que toda su experiencia se ha desarrollado en el interior de la montaña, sin ningún contacto directo con el exterior. Ese desconocimiento de la realidad externa no le impide conceptuarla. De todas formas ¿de donde procede esa realidad exterior? ¿Es absoluta en si misma? ¿O simplemente el carácter absoluto/relativo lo proporciona el sistema de referencia de información al que se tiene acceso y con el que se contrasta toda información novedosa? Podemos considerar que la realidad observada siempre será relativa al sistema de referencia con la que la contrastemos, ¿Cuántos sistemas de referencia existen? ¿Existe un sistema de referencia que engloba al resto? O quizás la realidad en si misma, ¿es simplemente la suma de sistemas de referencia y no tiene sentido hablar de una realidad absoluta si no de un conjunto de realidades individuales?

Volviendo a Eisntein, de sus trabajos sobre el efecto fotoeléctrico obtenemos aplicaciones más prácticas para la vida cotidiana como pueden ser, entre otras, el microondas y el láser. A pesar de ello, entender el universo como lo hizo Newton nos resulta mucho más útil en términos cotidianos que la cosmovisión de Eisntein: la gravedad es evidente y la relación causa- efecto de aplicar una fuerza es asociable a prácticamente cualquier acción que deseemos llevar a cabo. Pero el legado de Newton no nos ha permitido entender la energía nuclear, ni nos ha conducido a que los eruditos en física teórica contemporánea se dirijan a nosotros en términos filosóficos. La física cuántica, un paso más al legado con que nos obsequió ese "humilde empleado de patentes", nos devuelve a ese punto de partida del conocimiento humano donde todo era filosofía, del que numerosas proto-ciencias se emanciparon, quedando muchas en el camino y obteniendo por meritos propios la consideración de pseudo-ciencias, alquimia y astrología entre ellas. Muchas otras llegaron a convencernos en tal grado que las otorgamos el honorable título de ciencia en mayúsculas. Pero la ciencia por excelencia, la física, en pleno siglo XXI y cuando antes de la llegada de Einstein parecía a punto de extinguir su llama, parece regresar sobre sus pasos y reconsiderar nuevamente a su progenitora, la filosofía, a la que ya parecía haber olvidado.

El principio de incertidumbre de Heisenberg , nos muestra una característica de la mecánica cuántica inexistente en la física newtoniana. Simplificando podemos señalar que en términos cuánticos el acto mismo de observar modifica el objeto observado. La mecánica cuántica parece llevarnos a conclusiones de carácter metafísico, aunque procediendo de la misma física deberíamos decir resultados científicos de interpretación pseudo-filosófica . Cualquier sistema físico existe en uno y sólo uno de sus estados posibles en el momento de realizar una medición u observación (que no tiene que ser forzosamente a través de la vista, puede ser cualquier otro sentido que nos proporcione información sensorial sobre el sistema a medir). Es decir, después de observarlo y por lo tanto después de haber interferido en el sistema físico como tal. Antes de la medición, el sistema no posee existencia física y sólo puede describirse en términos de la probabilidad de cada posible resultado de una medición . Tomando en consideración dos variables cuánticas con idéntica probabilidad de manifestarse en dos estados posibles sean estos A y B, con la única condición de exclusión mutua, es decir si la primera de las variables es A la segunda será B. A nivel cuántico, nos es imposible de antemano saber con certeza el valor que tomará alguna de las variables (lo contrario que sucede en la mecánica newtoniana), simplemente conocemos un estado de probabilidad de ocurrencia. Al interferir en el sistema, observándolo, provocaremos que una de las variables se manifieste tomando el valor por ejemplo A, siendo "automáticamente" la segunda el único resultado posible, con independencia de la distancia a que se encuentren ambas variables. Llegamos, por tanto, a la conclusión que o bien se produce un intercambio de información entre ambas variables con velocidad superior a la luz (lo cual vulneraría los postulados de Einstein), o la naturaleza a niveles cuánticos existe en un estado indeterminado, manifestándose únicamente al ser observada. No puede saberse de antemano con seguridad cual será el resultado de la medición. La mecánica cuántica solo predice las probabilidades de ocurrencia de determinados resultados. Antes de la existencia de la cuántica se daba por supuesto que cuando un científico observaba y media cualquier entidad física, lo que estaba haciendo era ganar conocimiento acerca de un estado pre-existente y determinado. La mecánica cuántica sin embargo nos aleja de esa hipótesis. Según la interpretación de Copenhague al principio de incertidumbre (Niels Bohr), la velocidad de la luz es constante para todo observador y es el límite superior para cualquier transferencia de información (acorde a la relatividad específica de Eisntein), por lo que no existe una realidad objetiva sino una realidad no determinada que se manifiesta ante la observación.

Parece, por tanto que la mecánica cuántica, como mínimo, nos lleva a replantear el concepto de realidad; o quizás la física en el siglo XX cayó en un enorme vacío y, en ausencia de respuestas, necesitó tomar de la filosofía postulados para seguir avanzando.

En las ideas de Kant, el racionalismo de Platón y Descartes se unifican con el empirismo de Hume, Berkeley y Locke obteniendo una visión del pensamiento del ser humano en la que la interpretación de la realidad, siempre sujeta a nuestra forma de percibirla (empirismo), es capaz de ser racionalizada (ideas a priori). Kant argumenta que la realidad absoluta es inaccesible al ser humano por el simple hecho de que los sentidos de este siempre condicionarán su percepción de lo absoluto. En su "crítica a la razón pura" sugiere que espacio y tiempo no son propiedades de las cosas en sí, sino formas de percepción que nos permiten percibir y ordenar nuestras sensaciones. Espacio y tiempo son propios de la mente y sin ellos no puede concebirse ninguna experiencia (al menos humana). Kant no puso en duda la "realidad de los objetos", pero señaló claramente el lugar del sujeto en la percepción del mundo. Nuestra imagen de la realidad depende en parte de nuestra forma de observarla. Esta inseparabilidad entre sujeto y objeto de la observación es justamente el fundamento conceptual de la mecánica cuántica, en la llamada interpretación de Copenhague de la física cuántica. Esta interpretación sobre el comportamiento de las partículas cuánticas pone énfasis en la inseparabilidad del sujeto y del objeto, de modo tal que el concepto de realidad objetiva pierde su sentido obvio. La física cuántica parece confirmar la afirmación de Kant: "Es sólo desde el punto de vista humano que podemos hablar de espacio…". De hecho, los objetos del mundo atómico no tienen extensión espacial, pueden estar simultáneamente en varios sitios e interactuar entre ellos como si el espacio y el tiempo no existieran. Ampliando la cosmovisión de Kant, podríamos añadir que además del espacio-tiempo, la relación causa-efecto pudiera no ser propia de la realidad como tal (Hume), sino una forma de percepción intrínseca al ser humano.

Tal como se ha indicado anteriormente, la mecánica de partículas subatómicas parece desviarse de las interpretaciones a las que nos conducen las leyes generales deterministas en las que se basa la física clásica. No debemos olvidar la importancia que tuvo el siglo XIX en el posterior desarrollo de las ciencias formales: el evolucionismo de Darwin, la física determinista de Newton, e incluso la filosofía de Hegel. Sería un error desvincular los postulados formulados con el contexto histórico en que fueron elaborados. Las monarquías absolutistas se extendían por toda Europa, donde la ley, el sometimiento a ella y el orden formaban parte en gran medida de la atmósfera social. Es por tanto que no debe resultarnos extraño haber heredado una física que en sus albores fuese considerada como inviolable, suprema y de carácter absoluto. Así mismo las corrientes racionalistas de pensamiento coetáneas concedían al hombre la capacidad necesaria para el descubrimiento y comprensión de la "legislación cosmológica y universal", pre-existente a su propia existencia. Por el contrario el siglo XX, durante el cual conceptos como solidaridad, información y globalización han cobrado máximo sentido, Teoría del Caos , Relatividad y Termodinámica se han abierto camino, generando nuevas líneas de pensamiento, inconcebibles hasta ahora, en las cuales la imposibilidad por parte del hombre de alcanzar esa supuesta verdad absoluta parece ser un hecho.

Llegamos a la conclusión, por tanto, que las nuevas corrientes ideológicas nos muestran la precariedad de la concepción clásica. Ya se ha indicado que la mecánica cuántica nos muestra que la simple observación modifica el fenómeno observado, lógico por otra parte, puesto que como seres humanos pretendemos una observación de la realidad, formando nosotros mismos parte de ella. La concepción clásica implica una observación independiente del observador, es decir una observación de la realidad ajena a ella misma, es aquí donde el concepto de deísmo se refuerza: un observador omnipotente capaz de observar la realidad desde su exterior. Se ha sugerido, en segundo lugar, la ineficacia de una concepción determinista para el estudio de sistemas complejos (muy frecuentes en la naturaleza observada), puesto que tal concepción implica linealidad, es decir un todo formado por la suma lineal de sus partes y donde a partir del conocimiento de ellas es posible conocer el comportamiento conjunto. La teoría del Caos pretende ese estudio de una realidad no lineal. Resta aún una última crítica a la visión clásica del mundo y esta la encontramos en las leyes termodinámicas. Según la segunda ley de la termodinámica (aplicable solo a sistemas aislados) todo sistema tiende a agotar su energía para la realización de un trabajo, al estar aislado (y no recibir aportes energéticos suplementarios) la energía disponible para producir movimiento, y por tanto organización, es limitada en el tiempo; por lo que todos los sistemas tienden a un punto de equilibrio en el cual no tiene sentido hablar de orden. Como resultado de esta segunda ley se desarrolla el concepto de entropía que es la medida de evolución (desorden) de un sistema (aislado, insisto) . Acorde a la segunda ley, con el paso del tiempo todo sistema tiende a un aumento de su entropía, es decir del desorden de sus componentes. La termodinámica nos lleva a una visión del fin del Universo un tanto pesimista, pues su segundo principio aventura un momento final en el cual el cosmos alcanzara un equilibrio estable, produciéndose la "muerte térmica", un sistema completamente estático donde movimiento, orden y tiempo carecerían de sentido. De todas formas y para tranquilizar a más de una conciencia, a día de hoy, la ciencia no conoce si el universo es un sistema aislado, únicamente para los cuales es aplicable el segundo postulado termodinámico. Resumiendo, la termodinámica nos indica una tendencia natural hacia el caos, mientras que el determinismo nos presenta la realidad como preestablecida, donde y según Einstein "pasado, presente y futuro son una ilusión". El concepto de entropía es compatible con la observación unidireccional del tiempo (o flecha del tiempo). Nuestros sentidos nos permiten distinguir entre fenómenos espontáneos reversibles (un hipotético péndulo eterno que sin verse sometido a ninguna fuerza o rozamiento oscilase ajeno a la dimensión temporal), donde la dirección del flujo del tiempo es prescindible; y fenómenos irreversibles (Sirva la analogía: al detonar una estatua se rompe en pedazos pero nos parece inconcebible que al detonar los pedazos ( o por cualquier otro método espontáneo) se forme una estatua; en esta situación el devenir del tiempo en una u otra dirección resulta de vital importancia. La física clásica no nos es de gran utilidad cuando tratamos de explicar fenómenos irreversibles producidos en sistemas complejos.

Así mismo es de destacar que pese a que filosofía y ciencia en determinados momentos han parecido alejarnos de Dios, en otros parecen acercarnos a él más de lo que el ser humano nunca ha estado a través de la fe. Además, independientemente de lo que el avance del conocimiento humano nos pueda parecer indicar, muchas de las mentes más brillantes a lo largo de la historia han entendido la necesidad humana de construir una realidad con cabida para un Dios bondadoso y no han olvidado que la racionalidad del ser humano siempre estará sujeta a la interpretación subjetiva de esa hipotética verdad absoluta. Con sus postulados prácticos Kant se aleja de un modelo determinista, admitiendo la existencia del libre albedrío y reconoce esa necesidad del ser humano de creer en un ser superior.

"Dios no juega a los dados", con su celebre afirmación Einstein parece también apartarse de lo que los sentidos puedan indicarnos (según la interpretación de Bohr del principio de incertidumbre). Por otro lado, alejarnos de una concepción determinista nos abre nuevos caminos en los que el rol de un ser superior no esta del todo definido, pero la necesidad humana de, cuanto menos, cuestionar su existencia, se antoja imprescindible.

Independientemente de la existencia o no de un ser superior, es realmente sorprendente y a la vez admirable como la naturaleza, universo, verdad absoluta o como se la quiera denominar, es capaz de tan siquiera intentar comprenderse a si misma. Al descubrir y decodificar el mensaje con que la evolución pretende comunicar la esencia de la vida (ADN), el ser humano estudia el comportamiento y significado de las proteínas enzimáticas que forman las cadenas del ácido desoxirribonucleico (ADN), siendo muy significativo que el hombre es en sí mismo proteínas enzimáticas. Este punto nos lleva a la inclusión del concepto de sistemas complejos: sistemas globales formados por la unión de otros sistemas de menor complejidad, ajenos a la unidad global pero cuya suma de comportamientos individuales forma un todo, con comportamiento distinto a cada una de las partes e incluso a su suma. Este concepto es de suma importancia para entender la evolución de los sistemas donde las interacciones estocásticas (de contenido probabilístico) de sus elementos confieren a su conjunto una identidad global. Los modelos deterministas, no son más que una simplificación de una realidad compleja observada por el hombre. Las nuevas corrientes de pensamiento, léase Teoría del Caos, pretenden un análisis de sistemas complejos, mediante la inclusión de la probabilidad de estados. La realidad se nos presenta, en este caso, como continuas bifurcaciones dependientes de lo aleatorio, donde nada esta predeterminado. Los estados intermedios y finales dependen de variables minúsculas con gran implicación en el comportamiento conjunto.

La ciencia clásica nos ha llevado a la conclusión de que una gran explosión procedente de una singularidad (que la física aún no ha sabido explicarnos donde toda masa y energía se concentraban en un espacio cero formando un hipotético "punto" de densidad infinita) se expandió perdiendo temperatura y generando una serie de elementos químicos que al combinarse crearon, galaxias, estrellas, planetas y un largo etcétera; llegando incluso a generar seres vivos. Pero esa carrera hacia ningún lugar no termina ahí, al menos uno de esos seres evolucionó adaptándose al medio de la mejor manera hasta ahora conocida desarrollando una capacidad que le diferencia en términos cualitativos del resto, la inteligencia. La evolución nos dotó con esa capacidad de entendimiento, y resulta admirable como la naturaleza de la que formamos parte, de igual modo que lo forma cualquier gas, parece pretender entenderse a si misma. De todas formas no parece descabellado pensar que si ha sido capaz de desarrollar la capacidad de entendimiento no será tan "ilusa" de permitirnos averiguar su "maravilloso secreto".


Conclusión

Conociendo que las cosmovisiones deterministas, a pesar de su practicidad, no corresponden a la verdad última y tanto termodinámica, mecánica cuántica y las teorías del caos parecen alejarnos de una posible observación individual futura de esa realidad absoluta (visión por cierto acorde con el pensamiento de Kant); se antoja imprescindible desarrollar en el siglo XXI, al menos con carácter de temporalidad, unos postulados prácticos que conformen la mejor posible de las realidades individuales. El conocimiento futuro quizás haga replantearnos dichos supuestos, o en el caso más extremo eliminarlos por completo, pero la racionalidad individual de las observaciones obtenidas parece indicar lo contrario. Digamos en otras palabras que hoy por hoy el ser humano continúa necesitando de la fe, pero no una fe impuesta, si no una fe individual (acorde a las circunstancias históricas, si bien es cierto) pero teniendo como principal impulsora a la subjetividad del propio individuo.

Postulados prácticos, (no exclusivos ni excluyentes):

" Mi realidad: Pienso luego existo , yo. Esta/as en mi pensamiento luego existe/es, en mi realidad. "

" "

" Realidad Humana: El ser humano como colectivo percibe una realidad relativamente común que procede de la interpretación de los estímulos del entorno a través de sus sentidos. "

" "

" Realidad absoluta: ¿Estaremos cerca de entender que no tiene sentido hablar de una realidad sin un observador? "

" "

" Entorno: Conjunto de estímulos que modifican mi realidad, en función de mi percepción de ellos a través de mis sentidos. ¿Existen los estímulos por si mismos?" "

" "

" Racionalidad: Capacidad por la que a partir de la experimentación (ideas empíricas), el ser humano es capaz de desarrollar ideas a previas a experimentación alguna. Mi realidad estará formada por las ideas empíricas más las ideas generadas sin necesidad de observación "

" "

Mi realidad es la única que como individuo podré percibir, una realidad sana será aquella con la que me sienta bien. Una realidad enferma será aquella con la que no sea así. Una realidad enferma puede deberse a solo dos causas:

Internas: a) Fisiología cerebral.

b) Procedentes de la racionalidad.

Externas: (estímulos). Los estímulos pueden ser de dos tipos: físicos: (todo el mundo parece ponerse de acuerdo de que mi tía ha muerto, hasta ella que lleva semanas inmóvil) y conceptuales: (¿Por qué narices vuela un avión? )

Mi realidad existe mientras yo piense. La realidad de los demás seres humanos la podré contrastar con la mía. La realidad en términos absolutos, si existe, desde luego no es apreciable por mí en su totalidad debido a que mis sentidos condicionarán siempre esa percepción.

La realidad absoluta no esta a mi alcance, pero ¿existirá en si misma? Por definición la realidad individual es relativa al observador, igual que el tiempo, el espacio y la velocidad . ¿Existirá una realidad absoluta observable en un tiempo absoluto? Lo único que se me ocurre es que o bien existe un observador universal cuya percepción es capaz de hacer absolutas la suma de realidades y el tiempo, un Ente que lo forma todo con conciencia propia, resultado de la suma de conciencias o realidades, en un tiempo T absoluto común a todas ellas; o la realidad absoluta no existe y desarrollamos nuestra existencia en una especie de probabilidad cósmica dentro de un todo/nada universal con realidades que interactúan en tiempos y espacios relativos.

Cuando el hombre se imaginaba la tierra la plana con un inicio y un fin, la única respuesta que no supusiese un principio y un final en el cambio de concepción de 2 a 3 dimensiones era la esfera. Nuestros sentidos parecían engañarnos. Igual que un chorro de agua parece un flujo continuo, observado con la tecnología adecuada apreciamos que son minúsculas gotas en movimiento, las cuales si nos gastamos algo más en un buen instrumental capaz de modificar la percepción de nuestros sentidos, veremos que son átomos de Hidrogeno y Oxigeno formando moléculas. Y si afinamos más en nuestra forma de observación, la realidad no nos presenta el agua en forma de átomos sino como pequeñas cargas positivas, negativas y neutras interactuando entre sí. Y por lo que hoy por hoy sabemos esas partículas quizás ni tan siquiera están ahí, son probabilidades de estar que solo se nos manifiestan al ser observadas. ¿Qué es el agua entonces de forma absoluta? ¿Un chorro, gotas, moléculas, átomos, partículas cuánticas, probabilidades? Son todas a la vez, pero en función del observador y el sistema de referencia aplicado.

Bien es cierto que podré racionalizar esa hipotética realidad, pero siempre limitando mi percepción de ella a los estímulos procesados por mis sentidos. Mi objetivo será formarme una realidad sana, en la que me encuentre bien. Intentaré, en la medida de lo posible que la fisiología de mi cerebro no me juegue una mala pasada, afrontaré los estímulos físicos negativos, disfrutaré de los positivos e intentaré seleccionar los estímulos conceptuales, apartando los que empobrezcan mi realidad y seleccionando aquellos que hagan que mi realidad sea lo más sana posible….

Aunque no esta en suelos parisinos oculto bajo las pesadas losas del Louvre o ni tan siquiera enterrado en las proximidades de alguna iglesia templaria, ¿no será este el Santo Grial tan codiciado durante siglos y siglos?

No se trata de ser superhombres al puro estilo Nietszche , ni tan siquiera negar lo absoluto o romper una lanza en favor del agnosticismo. El objetivo es avanzar en el conocimiento del ser humano, a utilizar la ya conocida por todos era de la información en NUESTRO favor, en simplemente intentar buscar un hueco entre las ramas que nos permita ver el bosque, o al menos intuirlo y en caso de no ver nada imaginar el mejor bosque posible. De toda la información disponible, primero la analizaré con perspectiva histórica. Plenamente consciente de que la realidad absoluta o no existe o no esta a nuestro alcance, por lo que NINGUN ser humano esta en poder de la verdad. Extraeré aquellas conclusiones que mejor se adapten a mi realidad sana, tratando de distinguir con sumo cuidado aquellos conceptos con los que diferentes ideologías tratan de manipular. En definitiva, trataré en la medida de lo posible de evitar la manipulación ajena con objetivos partidistas y construir mi propia realidad, trataré con todas mis fuerzas de ser un librepensador a sabiendas primero que requiere un esfuerzo que no todos están dispuestos a realizar y segundo que nunca lo lograré, pues los términos absolutos o no existen o no están a mi alcance.

Todo ello con un único objetivo estar bien conmigo mismo y el entorno, sea este lo que sea, hasta que llegue el día en que deje de pensar…

En el Burgo de Osma y Madrid, agosto/diciembre de dos mil cinco.

Bibliografía:

Ilya Prigogine, "¿Tan sólo una ilusión?, una exposición del caos al orden." Tusquets editores, 1983

Stephen Hawking, "Brevísima historia del tiempo" Critica, 2005-10-02

Emmanuel Kant, "Critica a la razón Pura" Taurus, 2005

Albert Eistein, "Sobre la teoría de la relatividad especial y general" Debate, 1998

P.W. Atkins, "La Segunda Ley" Prensa Científica, 1992

Robert C. Hilborn, "Chaos and Nonlinear Dynamics: An Introduction for Scientists and Engineers" Oxford University Press, 2000

Robert Resnick , "Conceptos de Relatividad y Teoría Cuántica" Limusa, 2000

Hans Joachim Storig, "Historia universal de la Filosofía" Tecnos, 2005

Manuel de la Herrán Gascón, ¿Qué es Real? Lo subjetivo y lo objetivo" REDcientífica, 2005

Jorge Barragán, "Sobre la termodinámica de los sistemas físicos biológicos" REDcientífica, 2005



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