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ISSN: 1597-0223
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Por qué derechos para los animales © Copyright 2002 Oscar Horta (oscarhorta@hotmail.com, liberacion@gmx.net) http://www.liberacionanimal.org/ Miembro de la Alternativa para la Liberación Animal (ALA)
La discriminación ética según la especie se intentar justificar habitualmente apelando a la superioridad de ciertas posibilidades intelectuales humanas sobre las animales. Pero lo cierto es que un gran número de seres humanos carecen de tales capacidades. No va a existir característica alguna que nos sitúe a cada uno de los seres humanos por encima del resto de los animales. Ya sea la inteligencia, el lenguaje, la autoconciencia... siempre habrá algún humano privado de ella.
Poner de relieve esta cuestión no supone un insulto a los seres humanos privados de estas características, al contrario, quien discrimina por razón de la racionalidad a otro animal, lo hace también al ser humano menos inteligente. La única actitud coherente es la de respeto por unos y otros.
Por "Derechos de los Animales", se refiere, en un sentido general, la necesidad de que los intereses de los animales sean tenidos en cuenta y justamente valorados, disfrutando del debido respeto y protección legal. Los animales, incluidos los humanos, somos seres con la capacidad de disfrutar o sufrir, y, por lo tanto, con intereses propios. Es por ello que los derechos de los animales deben ser tomados verdaderamente en serio, sin reducirse a una tímida preocupación por su bienestar, y no porque nos resulten simpáticos o estén en peligro de extinción, sino en cuanto que individuos con intereses propios. Los (ab)usos sufridos diariamente por los animales en ámbitos como el de la experimentación no son más que el reflejo de la negación de lo anterior, de una falta de reconocimiento del estatuto moral de los animales, producto de lo que se ha denominado una actitud o mentalidad especista. El especismo (o discriminación de especie) se intentar justificar habitualmente apelando a la superioridad de ciertas posibilidades intelectuales humanas sobre las de los restantes animales. Pero lo cierto es que un gran número de seres humanos (discapacitados mentales, enfermos de Alzheimer y un largo etc.) carecen de tales capacidades (incluso llegando a manifestar muchos animales no humanos aptitudes iguales o mayores). Es más, aunque cambiemos de criterio de exclusión, no va a existir característica alguna que nos sitúe a cada uno de los seres humanos por encima del resto de los animales. Ya sea el lenguaje, la autoconciencia... siempre habrá algún humano privado de ella. De modo que difícilmente aceptaremos como válidos tales criterios: de basarnos en ellos justificaríamos el maltrato y la explotación de estas personas, algo totalmente intolerable. Así, la capacidad que nos haga a los seres humanos merecientes de atención moral y legal, solo podría ser, por lo tanto, la de poder sufrir y disfrutar, que también tienen los animales. Y lo que es claro es que, si existe algo a lo que podamos llamar ética, no puede haber criterio alguno que autorice un trato distinto a individuos dotados de las mismas capacidades. De esta suerte, no podrá resultar aceptable ninguna práctica humana que agreda a otros animales de un modo que no permitiríamos si, en lugar de ellos, los afectados fuesen seres humanos igualmente dotados. Hay quien ha afirmado que poner de relieve esta cuestión supone un insulto a todos estos seres humanos privados de las características curiosamente propuestas por ellos mismos como moralmente relevantes. En realidad, son ellos, los defensores del especismo quienes están ultrajando a estos, y muy gravemente, al defender un criterio discriminatorio que los relega al rango de meros objetos. Quien discrimina por razón de la racionalidad a otro animal, lo hace también al ser humano menos inteligente. La única actitud coherente es la de respeto por unos y otros. De este modo, queda claro que la defensa del especismo resulta incompatible no sólo (como es lógico) con los derechos de los animales, sino con los propios derechos humanos.
Las consecuencias de esto, en definitiva, para la cuestión, es que la vivisección es también una metodología reprobable ya desde un punto de vista exclusivamente moral.
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