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ISSN: 1579-0223
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Interpretación y valorización de la obra de Teilhard P. Jaime Arturo Franco Esparza sdb http://iieh.com/autores/jfranco.... Dr. en Teología Dogmática. Director del Departamento de Investigación del Instituto Salesiano de Estudios Superiores ISES © Copyright 2002-2004 P. Jaime Arturo Franco Esparza sdb. © Copyright 2002-2004 REDcientífica. Todos los derechos reservados.
En la historia de la humanidad han existido personajes célebres que con su vida y sus aportaciones han representado auténticas mutaciones. Teilhard de Chardin ha sido uno de esos espíritus que han cambiado algo en una época. El Jesuita ha sido considerado por varios estudiosos como un gran pensador que -con su peculiar manera de hacer ver las cosas y de interpretar los acontecimientos de la historia-, hizo revolucionar la mentalidad del hombre moderno presentándole el universo como si fuese un templo [ Nota 1 ].
1. Tres fases de múltiples y diversas interpretaciones |
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Los escritos de Teilhard han sido objeto de una vasta cantidad de comentarios. En pocos años su obra se ha convertido en "Best-Seller", suscitando debates apasionantes y juicios contrarios y favorables [ Nota 2 ]. La gran cantidad de interpretaciones, con el correr del tiempo, se ha podido clasificar e individuar determinando lo que es más característico de cada período. Son tres las etapas interpretativas que algunos han puesto en evidencia entorno a la obra de Teilhard [ Nota 3 ]. 1.1 Fase de las controversias |
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Está caracterizada por la vivacidad y la polémica apasionada, que va desde el año 1955 -advirtiéndose ya en la publicación de algunos escritos ciclostilados cuando todavía estaba vivo Teilhard, alrededor del año 1950-, hasta el año 1965 aproximadamente. Fue el tiempo de "la marea alta de la moda teilhardiana" en la cual coexistieron las críticas severas y los grandes elogios [ Nota 4 ]. Hubo quien puso fuertemente el acento en el aspecto negativo de la obra de Teilhard, calificándolo como herético [ Nota 5 ], idólatra [ Nota 6 ], apóstata [ Nota 7 ], demasiado poco cerebral [ Nota 8 ], figura moderna del anti-Cristo [ Nota 9 ], espíritu falso y objetivamente peligroso [ Nota 10 ], un modernista y evolucionista hegeliano [ Nota 11 ], un romancero novelesco más que un hombre de ciencia [ Nota 12 ] y otras críticas en esta misma línea. Otros, por el contrario, con un espíritu de mayor apertura, pusieron el acento en el aspecto positivo, considerándolo como profeta [ Nota 13 ], figura del siglo XX [ Nota 14 ], maestro de la cultura contemporánea [ Nota 15 ], científico al servicio de la fe [ Nota 16 ], hombre de oración y obediencia [ Nota 17 ], hombre de aportes e intuiciones [ Nota 18 ], optimista [ Nota 19 ], misionero testigo del amor [ Nota 20 ], y también lo consideraron como un cristiano místico y fiel a la Iglesia [ Nota 21 ]. Podemos decir a fin de cuentas que, toda esta serie de controversias y reacciones, ha caracterizado este período con múltiples y diversos matices interpretativos [ Nota 22 ]. 1.2 Fase de las interpretaciones globales |
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Después de varios años de controversias, y debido no sólo a los datos adquiridos en las discusiones, sino también a la publicación y al conocimiento más profundo de los escritos inéditos de Teilhard, daba inicio otro período conocido como la "fase de las interpretaciones globales". Dicho período comenzó aproximadamente desde el año 1966 hasta nuestros días y se caracterizó por una mayor apertura, lo que permitió afrontar la obra de Teilhard en todos sus componentes. Existen varios estudios globales que reúnen la mayoría de los aspectos de la obra de Teilhard. Entre los más significativos se encuentra el denso trabajo de Émile Rideau que, a través de un análisis global y sintético, pone de manifiesto con rigor y objetividad el pensamiento de Teilhard interpretado en términos de fenomenología [ Nota 23 ]. Casi en la misma línea, pero en términos de filosofía de la naturaleza, se ubica el trabajo de Bruno de Solages [ Nota 24 ]. Hay otros estudios que no presentan precisamente en forma demasiado sistemática todos los aspectos del pensamiento de Teilhard; sin embargo, puede captarse en ellos un profundo conocimiento de la obra del Jesuita, que pone de manifiesto la visión global de las intuiciones teilhardianas. Algunos de estos trabajos son, por ejemplo, los de Norbert Max Wildiers [ Nota 25 ], Henri de Lubac [ Nota 26 ], Claude Cuénot [ Nota 27 ], Gérard-Henry Baudry [ Nota 28 ], Peter Schellenbaum [ Nota 29 ], René d'Ouince [ Nota 30 ] y Pierre Leroy [ Nota 31 ]. 1.3 Fase de las interpretaciones monográficas |
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La última parte es conocida como el período de las "interpretaciones monográficas". Se inicia juntamente con la etapa anterior de las interpretaciones globales y profundiza algunos aspectos particulares de la obra de Teilhard. Dicha fase llega hasta nuestros días [ Nota 32 ]. Los aspectos que más han atraído la atención de los estudiosos en la obra de Teilhard son: el biográfico [ Nota 33 ], el científico-evolucionista [ Nota 34 ], el filosófico [ Nota 35 ], el psicológico [ Nota 36 ], el del sentido de la historia [ Nota 37 ], el metodológico [ Nota 38 ], el político-económico [ Nota 39 ], el ético-moral [ Nota 40 ], el de la dimensión femenina [ Nota 41 ], el estético-artístico [ Nota 42 ], el pedagógico [ Nota 43 ] y el teológico [ Nota 44 ]. Esta variedad de aspectos tratados por los estudiosos no ha impedido enfocar la obra teilhardiana desde otros puntos de vista. Se trata de enfoques a partir de los cuales la obra del Jesuita ha sido valorizada e interpretada con acentuaciones diversas; por ejemplo, el enfoque cristiano-católico [ Nota 45 ], el marxista [ Nota 46 ], el racionalista [ Nota 47 ], el protestante [ Nota 48 ], el ecológico-cultural [ Nota 49 ], y el enfoque de movimientos religiosos [ Nota 50 ]. 2. Hacia una nueva fase de reinterpretación teilhardiana |
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Sin entrar en detalles, ya podemos darnos cuenta de algo evidente: aunque la marea alta de la "moda teilhardiana" ya pasó, los estudios hechos sobre su persona y su obra muestran que Teilhard ha sido una figura compleja que hizo historia apasionando los espíritus intelectuales con su pensamiento [ Nota 51 ]. 2.1 Valorización general de las interpretaciones |
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La gran cantidad de interpretaciones hechas sobre la obra teilhardiana comprende un lapso no mayor de cincuenta años divididos en tres fases interpretativas. Cada una de las fases ha pasado ya por su época de máximo auge. Cabe constatar sin embargo, que todavía en la actualidad existen algunos indicios de interpretaciones que -aunque de manera sutil- parecen tomar de nuevo posición a favor o en contra del pensamiento de Teilhard, privilegiando los aspectos positivos o negativos de su obra [ Nota 52 ]. Son interpretaciones que ponen en evidencia lo paradójico de las posturas. Por una parte se encuentran críticas que acentúan el influjo positivo ejercido por Teilhard en científicos, filósofos, teólogos, escritores, políticos y aún hasta en el ambiente eclesiástico en donde los ecos de su pensamiento han resonado en la Constitución Pastoral del Concilio Vaticano Segundo [ Nota 53 ]. Por otra, existen críticas que no sólo han acentuado lo negativo, sino también han manifestado un rotundo rechazo hacia la obra del Jesuita. Una neta oposición que tal vez pueda explicarse debido a varios motivos. El primero de ellos, de carácter institucional, está vinculado a las reservas tanto de las más altas instancias de la Orden de los Jesuitas, como por parte del Magisterio de la Iglesia (Suprema Congregación del Santo Oficio) representado por la "Academia Pontificia Romana de Teología". El parecer de estas autoridades a través de sus reservas oficiales ha favorecido sin duda -de una u otra manera- la valorización negativa de la obra en general. El siguiente motivo, más informal, está vinculado al impacto que causó la novedad del pensamiento teilhardiano: la manera original en su proceder metodológico, la aparición inmediata del primer ensayo que presuponía escritos precedentes, la recensión apresurada del mismo y la publicación incompleta de sus ensayos, fueron otros factores que influyeron también de manera considerable en la tarea interpretativa. Un tercer motivo, en orden a la "profesionalidad", está en íntima relación con las críticas diletantes carentes de una adecuada fundamentación científica y en las que se refleja un conocimiento parcial e impreciso de la obra del Jesuita. En tal sentido han surgido críticas superficiales basadas en otras interpretaciones; críticas de grave intolerancia y que, difamando al autor, han desvirtuado su pensamiento. Por último -entre los motivos de mayor relieve-, se encuentra la dificultad de orden histórico: bajo el influjo de las crisis suscitadas por las revoluciones culturales del tiempo, aparecieron interpretaciones que eran auténticas reacciones provocadas por los nuevos paradigmas. Dichos paradigmas cuestionaban concepciones y representaciones que por mucho tiempo fueron intocables. Reacciones críticas que no sólo fueron la causa principal de las grandes controversias, sino que también, en cierto modo, fueron una especie de "termómetro" que detectaba algo sintomático: los indicios históricos que auspicaban un cambio de mentalidad y de actitud tanto en la sociedad como en la Iglesia [ Nota 54 ]. Ciertamente hay varios aspectos de la obra de Teilhard que necesitan ser tratados con debida cautela. Por ejemplo, el léxico utilizado por él para exponer su síntesis; el contexto de las expresiones lingüísticas que requiere un adecuado enfoque; el cambio de perspectiva mediante el cual las concepciones y los argumentos tradicionales adquieren otros matices semánticos; la visión de conjunto que pide de por sí ser estudiada en su integridad; y en fin, la complejidad del autor y de su obra que requiere un estudio más especializado basado directamente en sus escritos [ Nota 55 ]. Por otra parte se encuentran también motivos que hacen estimar la obra de Teilhard como fascinante y en grado de ser juzgada de una manera más adecuada. Algunos de estos son: la presentación de un cristianismo no lejano sino abierto a la mentalidad científica del hombre contemporáneo; la visión de un universo no estático ni cíclico sino dinámico y en evolución; el énfasis de la percepción orgánica que hace descubrir en todo una unidad y un movimiento de convergencia; el rol decisivo dado a Cristo como mediador entre lo divino, lo humano y lo cósmico; la dimensión escatológica del porvenir, que confiere a los acontecimientos del presente el impulso necesario para vivir con mayor plenitud -y con un sentido más agudo de la responsabilidad histórico-práxica- el evento cristiano; la novedad de su lenguaje que es signo de querer expresar la totalidad de una realidad percibida en su complejidad; y por último, la coherencia extrema entre su propuesta y su experiencia personal de fe cristiana [ Nota 56 ]. Después de lo que hemos considerado hasta el momento creemos poder afirmar que el Jesuita contribuyó, en su afán por responder a los desafíos contemporáneos, a plantear de manera diferente los enigmas que continuamente aparecen en la historia provocando con ello cambios significativos. Es por eso que pensamos que Teilhard puede ser considerado como no superado del todo, en cuanto que todavía algunos aspectos de su proyecto siguen interesando a los intérpretes de su pensamiento que buscan una respuesta ante los problemas eternos del hombre: "¿Quiere esto decir que Teilhard ha sido "superado"? [...]. He aquí una cuestión que pide ser abordada con rigor y objetividad. Pues bien, me parece que es preciso decir ante todo algo que a veces es olvidado en razón de su misma obviedad: en la perspectiva de la historia lo que Teilhard hizo ya no puede ser deshecho. Sea cual sea la actitud que se adopte ante su obra, ésta constituirá siempre un capítulo importante en la historia del pensamiento cristiano de la primera mitad de nuestro siglo. Más allá de este hecho indudable, pero obvio, entiendo que hay al menos tres o cuatro planos en su obra que tienen todavía vigencia, tal vez porque responden a problemas eternos" [ Nota 57 ]. 2.2 Hacia una "cuarta fase" interpretativa: Teilhard, "un nuevo caso Galileo" |
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Los signos presentes manifestados en el esfuerzo por revalorizar la obra de Teilhard, son la ocasión para constatar una "cuarta fase" que va perfilándose y que probablemente acompañará el fin del siglo y los umbrales del año 2000 [ Nota 58 ]. Una fase interpretativa que comienza a caracterizarse por una mayor toma de conciencia histórica y que ha tenido como resultado el hecho de reconsiderar de manera más explícita algunos de los problemas ocasionados por los malos entendidos. Este ha sido el caso, por ejemplo, sobre Galileo Galilei [ Nota 59 ]. El Papa Juan Pablo II recibía en audiencia, en la mañana del sábado 31 de Octubre de 1992, a la Sección Plenaria de la Pontificia Academia de las Ciencias. Dirigiéndose a los científicos, les decía que el "caso Galileo" debe considerarse como un problema de permanente actualidad, en cuanto que es una cuestión que afronta el diálogo entre los datos de la ciencia y el mensaje de la fe [ Nota 60 ]. En el mismo día en que se llevó a cabo la absolución de la condena de Galileo, un periódico cotidiano comentaba lo siguiente: "El contraste entre ciencia y fe no se repetirá más -ha prometido el Papa Wojtyla-, y la ciencia moderna lo tomará en serio. Hombres de fe y de ciencia como fueron en su tiempo Galileo, o mucho más cercano a nosotros Teilhard de Chardin, no tendrán que sufrir más por tal disidencia" [ Nota 61 ]. 2.2.1 Galileo y su cosmovisión |
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Los acontecimientos relativos a Galileo han sido puntos de referencia muy significativos para Teilhard, en cuanto que le han permitido comprender mejor los cambios que modificaron la historia dándole a ésta un nuevo sentido [ Nota 62 ]. El considerar algunos detalles ocurridos en aquellos tiempos de Galileo, puede ser de gran ayuda para valorizar con mayor equilibrio ciertas interpretaciones hechas sobre la obra de Teilhard que -no obstante los años transcurridos-, parece que han sido influidas por las circunstancias históricas en las que imperó una determinada manera de concebir el universo. a) El antecedente galileano: la revolución copernicana |
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Copérnico nació en Thorn, Polonia (1473-1543). Fue un hombre de estudio. Su gran pasión era la astronomía. A partir del 1505 comenzó a interesarse en la hipótesis según la cual la tierra giraba alrededor del sol, centro inmóvil del universo. Tal hipótesis, conocida con el nombre de "heliocentrismo", cuestionaba la visión antigua comúnmente aceptada. Según ésta, la tierra era inmóvil y el centro del universo; alrededor de ella giraban el sol y los planetas. Dicho sistema llamado "geocentrismo" alcanzó la máxima perfección con Claudio Tolomeo, astrónomo y matemático griego del siglo II d.C. [ Nota 63 ]. Ya desde el siglo V a.C. aparecieron ciertos indicios sobre el heliocentrismo con algunos pitagóricos que hablaban de un "fuego central". Pero el verdadero precursor de Copérnico fue el astrónomo Aristarco de Samos (310-230 a.C.), quien sostenía desde entonces -inspirado por el ideal platónico de la perfección-, que el sol debería ocupar el puesto central en el universo. Dicha filosofía sobre el astro-sol influiría notablemente en la astronomía copernicana. Movido por convicciones metafísicas más que por deducciones científicas, Copérnico llegó a concebir el sol como el astro más perfecto, como el señor y rey del mundo, como un símbolo de lo divino, que debería colocarse, por ser el astro más bello y luminoso, en el puesto de honor, es decir, en el centro del universo. Sirviéndose de tales convicciones, Copérnico comenzó a construir un modelo matemático que permitía calcular los movimientos planetarios colocando el sol como punto de referencia. Ese fue su mérito. A partir de entonces dedicará toda la vida en perfeccionar su modelo astronómico [ Nota 64 ]. A pesar de lo grandioso de su proyecto, Copérnico se abstuvo de publicarlo prematuramente. Ello no impidió que, entre sus amigos, circulasen los manuscritos que resumían los principios de la nueva astronomía; principios que comenzaron a divulgarse por toda Europa. Sólo después de algún tiempo, Copérnico pondría por escrito los resultados de sus investigaciones en una especie de enciclopedia astronómica con el título: De revolutionibus orbium coelestium. El esfuerzo copernicano manifestado en tan colosal obra sintetizaba los nuevos principios que pondrían fin al geocentrísmo. Comenzaban los albores de una nueva astronomía que revolucionaría la mentalidad científica y religiosa que había permanecido indiscutible por tanto tiempo. Empezaba a cambiar el paradigma cultural [ Nota 65 ]. Se iniciaba así la "revolución copernicana". Una revolución que no sólo fue un acontecimiento científico de primera magnitud, inseparable de la cultura, sino también un evento que tuvo amplias implicaciones [ Nota 66 ]. El impacto cultural de tal revolución había sido atenuado por varias eventualidades. Entre ellas, por ejemplo, la estratégica presentación hecha al De revolutionibus. El teólogo luterano Osiander, supervisor de los manuscritos destinados a la publicación -temiendo las reacciones en el ambiente eclesiástico por la audacia de las ideas copernicanas-, explicaba en tono modesto que se trataba solamente de datos aproximativos hechos en vistas a realizar cálculos posteriores más precisos. Tal presentación llena de habilidad y destreza que atestaba el carácter provisorio de las indagaciones jugó un rol histórico decisivo. Contrarrestaba en cierto modo los peligros de la nueva astronomía que parecía falsear la Sagrada Escritura, pues la obra era presentada como un simple ensayo que trataba asuntos ex suppositione. Por otra parte, aunque fue rápida la divulgación de las ideas copernicanas, éstas no suscitaron gran entusiasmo entre los astrónomos del siglo XVI, ya que la mayoría de ellos veían con poco interés el sistema del heliocentrismo. Además existía una cierta inclinación por el modelo astronómico de Tyge Brahe el cual sostenía que los planetas, a excepción de la tierra que permanecía inmóvil, giraban alrededor del sol. Era un sistema astronómico ocasional y sin mayor trascendencia que tenía la ventaja de ser fiel al sentido común y a las nuevas indagaciones sobre el movimiento de los planetas. Esta serie de eventualidades favorecieron que las ideas de Copérnico no tuvieran tanto auge en aquel tiempo. Tales ideas innovativas todavía eran débiles en sus argumentos de fondo. Sería Galileo quien daría más consistencia a dichos argumentos perfeccionando los principios copernicanos [ Nota 67 ]. b) La contribución de Galileo y el veredicto eclesiástico |
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Galileo nace en Pisa, Italia, en 1564. Fue matemático, físico y astrónomo. El interés y la pasión por la astronomía llegaron al vértice de su vida cuando obtuvo unos catalejos que genialmente apuntó hacia el cielo. A partir del 1609 el astrónomo de Pisa comienza a escrutar la bóveda celeste de manera frenética reuniendo una gran cantidad de observaciones. Poco a poco iría descubriendo las manchas solares, las montañas y relieves de la luna, algunos satélites de Júpiter, las fases del planeta Venus, que eran análogas a las de la luna y, otros hallazgos más que le permitieron aumentar su caudal de datos astronómicos. La magnitud de tales descubrimientos no sólo hizo recuperar la confianza en la veracidad sobre el sistema del heliocentrismo, sino que también puso en evidencia la importancia de la observación y el rol decisivo en el uso de los instrumentos de investigación. Comenzaba a cambiar la manera de explorar el universo, es decir, surgía un nuevo método de investigación: de ahora en adelante una teoría podía ser válida sólo después de haber alcanzado un número suficiente de datos mediante la observación [ Nota 68 ]. Era obvio que Galileo, al haber cuestionado de manera más formal el modelo astronómico tradicional, daba mayor lugar a las insidias. Para él no había ninguna duda sobre el hecho de que la tierra fuese un planeta igual a los otros. Había observado que no era el único planeta en tener satélite (la luna), ya que había descubierto los de Júpiter; considerando también las fases orbitales de Venus, deducía que a modo semejante la tierra podría girar alrededor del sol. Tales convicciones fueron objeto de no pocos problemas. La nueva astronomía impulsada con mayor auge por Galileo ponía en dificultad la interpretación de ciertos textos bíblicos. En efecto ¿cómo era posible que el Señor detuviese el sol -como dice la Sagrada Escritura- si éste era inmóvil, o cómo entender la sentencia de los salmos en la que se afirma que la tierra es inconmovible? [ Nota 69 ]. Las nuevas ideas hacían falaz la Escritura. Surgían también otras dificultades de índole teológica que agravaban la situación: si la tierra era un planeta como los otros, existía la posibilidad que algunos de ellos fuesen habitados: ¿Dios tendría quizás que multiplicar la revelación, o la misma encarnación, en beneficio de las otras poblaciones extraterrestres? Y si existían tales, ¿cómo explicar el hecho del pecado original, o cómo imaginar que existiesen hombres inmunes de tal pecado al no descender de Adán y Eva? Eran, sin duda alguna, ideas consideradas objetivamente peligrosas que amenazaban tanto a la ciencia como a la religión [ Nota 70 ]. Fueron organizadas varias campañas antigalileanas. Por una parte, se sostenía que las indagaciones sobre los nuevos astros y satélites eran sólo aberraciones ópticas. Los astrónomos -al no haber visto nada a través de los catalejos por falta de experiencia y de una adecuada metodología en la aplicación de los mismos- llegaron a la conclusión que los descubrimientos realizados por Galileo no eran otra cosa que pseudoimágenes creadas por el instrumento, juzgando ficticias sus observaciones. Por otra parte, algunos predicadores habían pronunciado sermones injuriosos contra "la secta diabólica de los matemáticos" y habían hecho denuncias directas contra Galileo considerándolo un defensor de principios heréticos. Fueron vanos todos los recursos utilizados por el astrónomo de Pisa en su intento de hacer ver la legitimidad de los principios copernicanos. Cartas y escritos elaborados por él, con el fin de aclarar los problemas que brotaban de los distintos pareceres, fueron ineficaces. El 3 de Marzo de 1616, bajo el pontificado de Paolo V (1605-1621), era puesta en el "Indice" la obra copernicana De revolutionibus [ Nota 71 ]. Después de una larga cadena de hechos ocurridos en tales circunstancias, la situación parecía cambiar un poco. Gregorio XV muere en 1622 y es elegido Papa el Cardenal Maffeo Barberini, que asumiría el nombre de Urbano VIII (1623-1644). El 27 de Octubre de 1623 Galileo tendrá la oportunidad de ofrecer al Papa, pública y oficialmente, una de su obras: Il Saggiatore. La amistad con el nuevo Vicario de Cristo -que era partidario de la ciencia y que tenía en estima al astrónomo-, despertaba grandes esperanzas para los secuaces copernicanos. Un año más tarde, en un coloquio que tiene con el Pontífice, Galileo le expondría su proyecto de publicar una obra con miras a realizar una confrontación entre los diferentes sistemas astronómicos en debate. El Papa no puso objeciones a la propuesta galileana, pero al mismo tiempo le hizo la recomendación de presentar el estudio como una simple hipótesis. A finales de 1629 la magna obra, el Dialogo, prácticamente estaría terminada [ Nota 72 ]. El manuscrito fue revisado por el padre Riccardi con el fin de obtener el Imprimatur, el cual, a su vez, había sugerido al astrónomo redactar una introducción en la que presentase la obra haciendo recordar la censura de la doctrina copernicana promulgada en 1616 y en la que expusiera los argumentos en pro y en contra del sistema de Copérnico, mostrando así su neutralidad. El bosquejo del prefacio fue sometido a revisión por el Papa el 31 de Julio de 1630, quien pidió al astrónomo que formase parte también de la obra un argumento que hablase sobre la omnipotencia de Dios, es decir, en el que apareciese la idea de que Dios, en su omnipotencia, puede producir fenómenos celestes muy distintos a los resultados calculados por la inteligencia. Galileo incluyó al final del libro dicho argumento pero de manera casi ajena al desarrollo del tema; luego lo presentó al supervisor con las sugerencias modificadas. Finalmente el padre Riccardi obtiene el permiso para imprimir el Dialogo pero a condición de que la obra fuese revisada una última vez y fuese publicada en Roma. Cosa que no se llevó a cabo y que sería la desgracia para el astrónomo de Pisa. Galileo ya había publicado el libro en Florencia (Febrero de 1632). Cuando la obra llegó a Roma, fue motivo de un violento impacto en la esfera religiosa. El Sumo Pontífice reaccionó de inmediato al sentirse defraudado ante la manera sarcástica con la que Galileo hacía ver magistralmente que el sistema copernicano era superior al de Tolomeo. De nada sirvieron el prólogo ni el argumento sobre la omnipotencia de Dios. La obra en su género no parecía ser tanto un libro de astronomía ni tampoco de física, sino esencialmente una auténtica declaración de guerra contra la ciencia y la filosofía tradicionales. Urbano VIII pidió que se tomaran enseguida las medidas necesarias contra la difusión de semejante obra. Después, bajo las presiones de la situación política y religiosa del momento, el Papa convocaría a juicio al astrónomo matemático [ Nota 73 ]. El 22 de Junio de 1633, el veredicto final condenaba a Galileo no sólo por haber ridiculizado los argumentos de Tolomeo, sino fundamentalmente por haber transgredido la disposición del 1616 y haber defendido los principios copernicanos. Completamente ciego, Galileo moriría víctima de tal condenación el 8 de Enero de 1642 [ Nota 74 ]. Continuación: Interpretación y valorización de la obra de Teilhard (II)
Continuación: Interpretación y valorización de la obra de Teilhard (II)
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