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ISSN: 1597-0223
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Hablar de lo que no se puede hablar

Manuel de la Herrán Gascón (m.herran@redcientifica.com)
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Se atribuye a Albert Einstein la cita:

"Debemos hacer la ciencia lo más sencilla posible. Pero no más sencilla"

Esta divertida broma contiene un mensaje claro: Es adecuado hacer que la ciencia sea sencilla. Pero hay quienes, empeñados en la sencillez, llegan a faltar a la verdad. Debemos hacer la ciencia lo más sencilla posible. No más.

Para expresar esta idea, Einstein recurre a una contradicción, que produce el elemento humorístico en la frase. Si, por una parte, cierta descripción científica es "lo más sencilla posible", otra no podrá ser entonces "más sencilla" aún.

Hablar de descripciones científicas "más sencillas que lo más sencillo posible" es una forma irónica [ Nota 1 ] y conscientemente contradictoria de expresar que esas descripciones científicas son erróneas, y que el origen de su equivocación está en empeñarse en simplificar más de la cuenta.

La ironía no acaba aquí, ya que podemos suponer que Einstein empleó una contradicción en su afirmación con el objetivo de ganar en sencillez, es decir, para facilitar la transmisión de su conocimiento. Pero al hacerlo así, superó la barrera de la sencillez marcada por el limite de la congruencia.

Es decir, la frase, "Debemos hacer la ciencia lo más sencilla posible. Pero no más sencilla" no parece cumplir lo que predica, ya que es una expresión que va más allá de la sencillez, faltando a la verdad, con el objetivo de facilitar la transmisión de su mensaje.

Siendo rigurosos, debemos decir que Einstein no falta a su propia regla al expresarla, ya que Einstein habla de hacer ciencia, y "hablar de hacer ciencia" no es hacer ciencia, sino hacer filosofía. Y al hacer filosofía no es necesario (y no es posible) seguir las leyes de la ciencia. De igual forma, el párrafo anterior de este texto falta a la verdad -corregida en este párrafo-, con el objetivo de facilitar la transmisión de su mensaje.

Sin duda otra cosa hubiera sido que Einstein dijera:

"Debemos hacer la filosofía lo más sencilla posible. Pero no más sencilla"

y en este caso la filosófica frase representaría la aplicación de lo contrario que la frase afirma.

Hablar de lo que no se puede hablar

A muchos científicos les gusta decir:

"Sobre lo que no se puede hablar, es mejor no hablar"

Esta es otra divertida broma con otro claro mensaje: Hay cosas que no se pueden expresar con palabras. Y sin embargo no faltan quienes tratan una y otra vez de hacerlo. En esta afirmación hay otra contradicción consciente subyacente, también generadora de humor e ironía.

No podemos aconsejar que "es mejor no hablar" de aquellas cosas de las que "no se puede hablar". Si lo que decimos es cierto, aquel a quien acusemos no estará hablando de aquello de lo que "no se puede hablar", ya que, precisamente, no se puede hablar de ello. Estará hablando de otra cosa. Si por el contrario, nuestro acusado, ciertamente, estuviera hablando de "aquello", debemos concluir que de "aquello", si se puede hablar, y que nuestra acusación era infundada.

En este caso el análisis tampoco acaba aquí, ya que curiosamente, en estos últimos párrafos no hemos dejado de hablar de aquellas cosas de las que supuestamente no se podía hablar. Todo aquel que acuse a otro de "hablar de lo que no se puede hablar" ya se encuentra hablando de "aquello".

Podemos pensar que esta es la prueba de que "aquellas" cosas de las que no se puede hablar, simplemente no existen, ya que acabamos de hablar de ellas. Pero decir esto sería una conclusión precipitada. Hemos hablado de las cosas de las que no se puede hablar, y al hacerlo (al hablar sobre ellas) hemos concluido que sí se podia hablar de ellas.

Por tanto, simplemente hemos identificado algunas cosas de las que sí es posible hablar. A saber: Sí es posible hablar acerca de aquellas cosas acerca de las cuales nosotros decimos que no se puede hablar. Sin embargo, reconozcámoslo, no hemos hablado acerca de ninguna cosa acerca de la cual no se pueda hablar.

Por tanto, no hemos demostrado que no existan cosas acerca de las cuales no se pueda hablar. Puede que existan, y sin duda, nadie habla de ellas.

¿Simplificamos o no simplificamos? ¿Hablamos o no hablamos?

Tratando de extraer conclusiones de las bromas anteriores, del primer asunto se puede decir que aunque las simplificaciones excesivas son errores cuando se trata de ciencia, sin embargo pueden ser recomendables e incluso inevitables cuando se trata de filosofía.

En cuanto a aquello de lo que se puede y no se puede hablar, podemos concluir que la expresión "Sobre lo que no se puede hablar, es mejor no hablar" constata que ciertos asuntos son realmente complicados, y que por ahora no se puede hablar sobre ellos sin caer en gran número de contradicciones y falsedades.

Después de lo expuesto, parece más que obvio que, al menos desde ciertos niveles de análisis filosófico y en ciertos casos, no es lo mismo decir algo "equivocado" que algo "falso" o "contradictorio", -entendiendo en este caso "equivocado" como "aquello que nos aleja de la verdad". Podríamos pensar que lo "falso" y lo "contradictorio" no sólo nos alejan de la verdad, sino que son la falta de verdad misma. Pero aquí se propone que lo "falso" y lo "contradictorio" tienen un papel en el camino hacia la verdad.

Cierto profesor universitario proponía sistemáticamente a sus alumnos afirmaciones aparentemente ciertas pero intrínsecamente falsas -intercaladas con algunas ciertas-, que posteriormente entre todos rechazaban con alguna argumentación. De esta manera el grupo incrementaba su caudal de conocimiento en la materia con la solidez que proporcionaba el haber descartado una tras otra múltiples ramificaciones equivocadas. El conocimiento del grupo avanzaba hacia lo verdadero a pesar de estar escuchando mentiras una tras otra.

Se puede establecer un paralelismo entre esta idea y el símbolo gráfico del Ying-Yang, y podemos decir que en procesos mentales no formales, lo falso o lo contradictorio, a pesar de no ser cierto o congruente, es decir, a pesar de ser intrínsecamente falso, nos puede acercar más a la Verdad -a veces, simplemente porque es un camino más corto- que aquello que intrínsecamente verdadero. Pero sólo si somos capaces de interpretarlo desde el nivel adecuado de análisis, y por supuesto, siempre que no nos detengamos ahí. Sirviéndonos de lo "falso" y lo "contradictorio" como herramientas -en principio no formales- para llegar a la verdad.

Concluyendo, la verdad en ciertas capas de conocimiento puede estar formada por contradicciones e incluso por "simplificaciones excesivas" residentes en capas no formales subyacentes.

Génesis contradictorio de una cosmología discreta

- Veamos cuáles han sido sus conclusiones.

El agente había trabajado afanosamente. Por fín, generaba los resultados en los neurovisores de su equipo de desarrollo (incluidos los jefes). Gracias a aquellos omnipresentes artilugios, se podían escuchar directamente las palabras del ordenador en el cerebro humano. En realidad tampoco se trataba de escuchar. Las ideas surgían directamente, sin imágenes ni palabras, pero surgían, y de algúna forma había que llamarlo.

Cuentan que en una conferencia el ponente reiteraba reiteradamente:
-[...] porque dos negaciones equivalen a una afirmación, pero dos afirmaciones no equivalen a una negación [...]
Ante lo que un espectador, con gesto suspicaz, respondía en bajo tono:
-Sí, sí...

El caso es que al principio no existía nada, y de pronto se hizo el bit.

-Oye, perdona, ¿esto va en serio? ¿De qué está hablando? ¿Qué rayos es eso de una conferencia?
-¡Ah!, ya sabes lo de mi agente literario, aquel proyecto que fracasó estrepitosamente y nos hizo perder las vacaciones en Saturno. Todavía quedaba una versión beta funcionando, y yo soy un sentimental con estas cosas. La activé, y el agente oficial se pasa las noches charlando con él. Llegó a convencerle de las ventajas de expresar los resultados en forma de historias, de parábolas. Más poético, ya sabes.
-Nunca cambiarás. Bien, dado el tipo de preguntas que hemos planteado, puede ser hasta una buena idea. Bueno, dejémosle continuar.


El caso es que no existía nada, esto es, dos negaciones, esto es, una afirmación, tanto da.

No existe nada --> existe algo (english, engine demolish)
No existe nada --> existe nada (spanish, expand this)


-Si había bugs, sí -Ironizó-.
-Ufffff.


El universo material, el único existente (que por aquel entonces era inexistente) seguía sin existir. Pero en el universo de los números (que tampoco existe) tuvo una ocurrencia. El uno. Existe "un" nada.

-¡Maldito agente literario! ¿Has entendido algo?
-Creo que trata de decir que si existe nada, entonces existe algo, que es la nada.
-¿Nada más?

-Reorganicen punteros, colas y listas, tenemos un elemento.
-A la orden. ¿Identificativo, señor?
-No tiene. Consulten default.
-Default uno, señor. ¿Puedo actualizar?
-¿Control de calidad?.
-¿Eh? ¡Oh! ¡Ah! Esto... uno es mayor que cero y menor que 10^10. Señor.
-Asignen. Por curiosidad, ¿Contenido?
-No, nada
-¿Nada?
-Perdón, señor. Contenido: "Nada"
-¿"Nada"?
-Eso es.
-¡Eso!
-¡Es!

-¿Puedes depurar el código?
-Si, por supuesto.


-¿Puedes depurar el código?
-Si, por supuesto.


-¡Maldito idiota!


t=0======================================
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t=1======================================
-----------------------------------------
*
t=2======================================
*
c[1]={*}
-----------------------------------------
*
{*}
t=3======================================
*
c[1]={*, {*}}
c[2]={*+{*}}
-----------------------------------------
*
{*, {*}}
{*+{*}}
t=4======================================
*
c[1]={*, {*, {*}}, {*+{*}}}
c[2]={*+{*, {*}}, *+{*+{*}}, {*, {*}}+{*+{*}}}
-----------------------------------------
*
{*, {*, {*}}, {*+{*}}}
{*+{*, {*}}, *+{*+{*}}, {*, {*}}+{*+{*}}}
t=6======================================
*
c[1]={*, {*, {*, {*}}, {*+{*}}}, {*+{*, {*}},
*+{*+{*}}, {*, {*}}+{*+{*}}}}
c[2]={*+{*, {*, {*}}, {*+{*}}}, *+{*+{*, {*}},
*+{*+{*}}, {*, {*}}+{*+{*}}}, {*, {*, {*}},
{*+{*}}}+{*+{*, {*}}, *+{*+{*}}, {*, {*}}+{*+{*}}}}
c[3]={*+{*, {*, {*}}, {*+{*}}}+{*+{*, {*}},
*+{*+{*}}, {*, {*}}+{*+{*}}}}
-----------------------------------------



[1] Sabemos que se trata de una ironía y de una contradicción consciente, pero un sistema automático de análisis de predicados (un robot) tendría serias dificultades para darse cuenta de esto. La capacidad de reconocer el humor es una característica típicamente humana que parece muy complicada de crear artificialmente. [ Volver ]


Sobre el autor


Manuel de la Herrán nació en Bilbao en 1971. Es ingeniero informático y ha trabajado en varias empresas desarrollando tecnología en Internet y dirigiendo sus departamentos técnicos (Okté, Cocotero, EnLaPrensa). Ha escrito numerosos artículos sobre Evolución, Computación Evolutiva, Algoritmos Genéticos, Inteligencia Artificial, OLAP y Bases de Datos Multidimensionales, Bases de datos Oracle y Programación en Internet. Ha sido profesor de la Universidad de Deusto y ha participado en la creación de webs como Gaia (finalista iBest 2000), REDcientífica (Premio Nacional Sociedad de la Información), REDhumana.com, iieh.com, y MUNDO.ENk3.com.






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